jueves, 3 de octubre de 2013

  SOY TODO TUYO.

Ella me tomaba de la mano, mientras me decía -  ¡No te vayas! - y me sujetaba fuerte muy fuerte casi desesperadamente;
 ¡quédate, te lo suplico, por favor, no te vayas! y
 sentía su manita dulce y pequeña, sus dedos delgados y afilados y veía su piel pálida...¡toda ella estaba pálida y demacrada! mientras ella musitaba implorante y demandante a la vez:
-  ¡Quédate, me haces falta, te necesito! 
Y en cada una de sus palabras yo sentía morir, sentía que me faltaban las fuerzas, pero algo dentro de mi me impulsaba a irme, a dejarla, a abandonarla, sin importarme más nada que ver el nuevo día y olvidarme de ella, de lo nuestro, de mi entrega...
- ¡Quédate! volvió a decir viéndome con sus hermosos ojos color miel, con la profundidad de su alma con sus ojos entornados y sus labios carnosos.
-  ¡Quédate, te necesito! 
Me dijo de nuevo,  mientras besaba mi cuello y en esa caricia yo sabía que nunca, ¡Nunca podría ser de nadie como lo fui de ella! y ella lo sabía, sabía de mi entrega total y devastadora para con ella, sabía que no tenía corazón, ni la entereza suficiente para irme; que en realidad, siempre había sido suyo, desde el primer momento que la vi, así como en nuestra primera cita, sabía que estaba entregado a ella, consagrado a ella, que era mi ilusión y mi vida, que era mi ser y mi único pensamiento, que era yo, en ella, como la noche a la luna, que mi vida, mi ser y mi sangre corría en mis venas solo para ella... 

- Es que lo nuestro no puede ser - dije a modo de débil defensa - nos vemos tan poco y a veces me dejas por días enteros, días en que no se de ti y siento que muero sin verte... Y tu... ¡Tu solo me usas!

- Pero es que yo te necesito... ¡Por favor!

- ¿Pero me amas?... Ella me miro, con esos ojos que embriagaban mi alma de sensualidad, de pasión, y porque no decirlo, de lujuria y voluptuosidad y me dijo:

- Sabes bien que no puedo amarte, que no puedo amar a nadie, pero que vivo plenamente con estos pocos momentos que me das, que estoy y existo por tu entrega, que podría ser cualquier otro, pero yo te prefiero a ti por dulce, porque es una delicia tu entrega, tu pasión, porque en tu sangre corre la vitalidad de cada uno de nuestros encuentros...

- Pero...dije tímidamente...y ella besándome cerró mis labios en un beso dulce, emotivo, elocuente...

- ¿Estas consciente de que te necesito tanto que no te puedo dejar ir? - me dijo - a lo que ya no respondí, solo ladee mi cabeza y sentí la agridulce sensación de su mordida, y no supe más, sentía que se me iba la vida, en un momento tan delicioso como un orgasmo, mientras ella enterraba bien sus colmillos y chupaba hasta la última gota de mi sangre.
                        
           Gustavo Reyes Ramos 10/09/2013.

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