LA VENGANZA.
Por fin lo tenía en mi poder, y apretaba sintiendo el deleite de la venganza, apretaba con goce, haciéndole sentir mi potestad y mi dominio, despues de sufrir toda la noche su tortura ahora estaba en mis manos, y las apretaba con un júbilo demoníaco, triunfante, saboreando el desquite, sintiendo la adrenalina correr como una placentera cosquilla a brincos por mi espina dorsal, subiendo ligera y traviesa, en pequeñas oleadas veleidosas, hasta mi nuca y de ahí restallar dichosa como un latigazo, provocandome la ausencia de color en mis ya de por si blancas manos, por la presión ejercida.... ¡que disfrute por dios! ahora entendía porque los dioses ejercían la venganza, es una dicha única, épica y casi religiosa...la descarga de endorfinas que produce el vengarse, proporciona un gusto veleidoso, sicalíptico, te sientes realizado, es una plenitud avasalladora; y si, lo sé, es un placer enfermizo, y patológico, pero el sentir al infeliz que te estuvo atormentando, sucumbir y padecer en tus manos, le da al desquite su carácter de divino, sentir su confusión, al pasar de torturador a torturado y la sensación untuosa de su sangre en tus manos, le agrega más magia y satisfacción a tu venganza, saber que por fin te vas a quitar de la incomodidad, del sobresalto y de la angustia, no tiene nombre, ese triunfo que embarga tu alma cuando logras revertir la situación, es inconmensurable, el goce que posee tu alma al matar a quien te provocó o te molestó al grado de la ira, es uno de los placeres prohibidos, por eso creo que lo condena uno de los mandamientos de las leyes cristianas, porque hacerlo te desencadena un satisfactor primitivo y casi animal, te remueve algo muy dentro de ti, por eso pienso que también debería de estar contemplada la venganza como un pecado y capital, pero si lo hicieran, caerían en contradicción, pues el dios judaico y cristiano del antiguo testamento es lo que más hace.
Y es que el hecho de ir madurando el coraje, la frustración, la rabia que te da, te obliga a levantarte,con esa bilis, y a acechar esperando con paciencia el momento justo, en que el infeliz se descuida o se posa ya satisfecho, repleto de tu sangre, y atraparlo vivo, y sorprenderlo y sacudirlo dentro de tus manos es inenarrable; maldito mosquito, pero ¿sabes?...me pagó todas.... ¡pues lo aplaste con toda mi furia!...
- ¡ah! ¿hablabas de un mosquito?
- Pues claro, ¿que creías?
- ¡Nada, nada! y discúlpame, me voy; se me hace tarde para ir con mi psicólogo...aunque pensándolo bien, creo que no te haría nada mal darte una vuelta con él....¿eh?
Gustavo Reyes Ramos 10/09/2013
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