jueves, 3 de octubre de 2013

JUAN PERRO.

Mi nombre realmente no importa, así como a que me dedico, tampoco me interesa saber si me cree o piensa que estoy loco o soy alguno de tantos fantasiosos, que andan por ahí, lo que yo sé y vi lo tengo presente, como si hubiera sucedido ayer y se lo voy a decir tal y como lo recuerdo y es la razón por la cual ahora, cada ves que voy al rancho, durante el recorrido hago paradas, sirviendo agua y comida para los perros del camino... Esto sucedió cuando yo era joven, recién me había enlistado en el ejército, y todavía no había tanto jaleo con los narcos como ahora, había un acuerdo tácito entre los que comerciaban y el gobierno y el país era solo lugar de paso, no de consumo como lo han hecho hoy; en ese entonces para decir que se hacía algo contra las drogas, los mismos capos decían o donaban un sembradío y ese se quemaba con lujo de detalles para la prensa, pero hubo una vez, que uno de los mismos recién reclutados, estaba pagado por un narco que empezaba y quería ser rival de los poderosos de entonces, y pues este...fulano, por llamarlo de alguna forma, se encargaba de chivatear o poner a quienes hacían la quema, para que no se hiciera, no los mataban, como ahora, solo les pegaban y los mandaban golpeados con el recado de que esa siembra no se tocaba...bueno...hasta esa vez... Ese día, me tocó servir con él, y él ya nos había puesto "el cuatro" la trampa, y sin nosotros saberlo, a mi y al comandante de la unidad, nos daba muuucha desconfianza....¿pero sabe?.... Me estoy adelantando, justo antes de enlistarme me hice compadre de un hombre ya grande, con una mirada que decía que sabía mucho, de hecho era el curandero de ese y varios pueblos a la redonda, hombre temido por sus dotes mágicas y respetado por sus conocimientos de herbolaria, cuando yo pensé en él para hacerlo padrino de mi criatura, mi esposa se enojo conmigo, decía que ese hombre era nahual, que si se robaba a lo niños y no se que más....pero yo le dije a mi esposa, pues por eso, si nos apadrina a nuestro hijo, no se lo va a llevar, antes al contrario, le va a enseñar a curar, aparte yo sentía cierta simpatía y condescendencia por ese hombre y la soledad en que vivía...solo tenía un perro que nunca estaba en la casa cuando estaba él, o si estaba mi compadre,  el perro no estaba, pero lo oía ladrando por los alrededores... Y así fue que me hice compadre de Juan perro, así le decían y por lo que sé, se lo decían porque ese era su animal de poder, su protector y nahual.
Él se encargaba de visitarnos y le llevaba dulces y frutas a mi hijo, y nosotros, mi mujer y yo, le dábamos de cenar o de comer según fuera el caso, a veces, sabía que estaba el en casa, porque su perro venía a avisar, y me veía, sin entrar a la casa, ladrando, desde el camino y en cuanto yo salía, el agitaba la cola y estornudaba y daba una carrera corta hacía la vereda, y volteaba a verme en señal de que le siguiera, y cuando iba tras el de repente se me perdía entre la vegetación y yo seguía caminando hasta llegar a la choza de Juan mi compadre, y el ya estaba preparando lo que me iba a dar o estaba sentado en la entrada de su casa, fumando y me decía, que bueno que veniste te voy a dar un remedio para tu mujer o mi ahijado antes de que se enfermen, yo le llevaba mezcal o cigarros, siempre era así, pero nunca los vi a los dos juntos. Y pues bueno, regresando a aquella funesta vez, ya cuando estaba en el ejercito, ese fulano, con su alma podrida, nos tendió una trampa, habíamos dejado los vehículos aproximadamente 300 metros antes de la zona a la que íbamos, y el comandante había pedido absoluto silencio, al soplón lo habían dejado cuidando los vehículos, y nosotros ya habíamos avanzado casi 150 metros, cuando vi al perro de mi compadre, que salió de la espesura y me veía con su cara triste y pidiendo ayuda (traía una pata que parecía lastimada porque no la apoyaba) cuando el "judas" se acerco a nosotros corriendo y dando gritos, diciendo que lo esperáramos, que tenía algo importante, el comandante, mando a alguien que fuera hasta donde el estaba y lo callara y mientras, yo pedí permiso para ir a orinar (realmente iba a ver al perro de mi compadre) y el comandante me dijo que de pasó revisara que no nos hubieran descubierto y así fue que me separé del grupo siguiendo al perrito; yo trataba de acercarme a el, pero no podía, no lograba alcanzarle, el perro se internaba más en la vegetación y yo temía alejarme demasiado de ellos, pero el perro aparecía aquí, y luego allá, más lejos, y siempre cojeando.... Cuando de repente escuche el tableteo de un rifle de repetición y cortando cartucho, quise volver corriendo pero caí en un hoyo golpeándome la cabeza, quede semi-inconsciente, escuchaba los gritos y los disparos, pero lo que no puedo asegurar es lo que vi o me pareció ver, en un parpadeo vi al perro de mi compadre asomarse al agujero y en otro vi a mi compadre tapándome con hojas y diciéndome a señas que me callara, luego silencio, absoluto e inquietante silencio, despues voces que no me eran conocidas gritando "búsquenlo bien, no se puede haber vuelto humo" y despues solo los ruidos de los animales propios del lugar y de la vegetación, no se cuanto tiempo pasó, ahora calculo que fueron como cuatro o cinco horas, en cuanto me pude levantar salí del hoyo aquel, todavía mareado y maltrecho por el golpe y me dirigí por entre los cerros al cuartel que vi dos horas antes de llegar a nuestro destino, llegue ya noche y ahí narre todo lo que pasó, excepto lo del perro y lo que me pareció ver, me detuvieron y acuartelaron, despues de estar así por tres días me mandaron a casa, donde lo primero que hice fue abrazar a mi mujer y besar a mi hijo y lo segundo fue ir con una botella de aguardiente y cigarros a casa de mi compadre Juan, el me vio llegar sin levantarse de su silla entorno los ojos y dio una fumada larga, yo iba a empezar a bombardearlo con preguntas, cuando el sacando la bocanada de humo solo me dijo, siéntese, acompáñeme con un trago compadre, mire que no tarda en llover... No me pregunte nada por favor, solo sepa que siempre lo voy a cuidar, ahora tengo que ir a ver a un enfermito, pero siéntese en lo que pasa la lluvia... Ahora vuelvo...y se metió a su casa, no lo vi salir, pero unos minutos despues sentado delante de la casa, viéndome con los ojos profundos de mi compadre, estaba el perro, su perro, el bendito perro que me salvo, y que me miraba desde el sendero, con beneplácito, con complicidad y también con benevolencia y simpatía y que despues de mirarme fijo por un rato largo, se dio la vuelta y salio corriendo hacia la espesura del bosque.

                      Gustavo Reyes Ramos 28/08/2013.

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