Perdí la razón prendado de una estrella fugaz, a ella até mi alma, la pobre canción de amor de mi corazón, mi último sueño; a ella es que pedí mi más grande deseo, y deje ver mi más secreta ilusión, a ella es a quien confesé el infierno que me mueve y mostré todos mis pecados, ofrendados a ella, como humilde y descarado ramo de desvergüenzas deslumbrado ante su brillo...
Ahora, que su fulgor para mi se ha agotado, que su tiempo de ilusión ha pasado, mi cama en su ausencia luce como una planicie árida, desolada y lánguida sedienta de su luz, de su esencia, de la dicha con la que lleno mi universo, del gozo con que iluminaba nuestras dulces oscuridades derrochando amor.
Gustavo Reyes Ramos 24/12/2014.

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