Ella era morena y a pesar de mi edad, era mi primera vez, con todo lo huraño e ingenuo de mi inocencia, de mi ternura, de mi cariño; que siempre escondí, que siempre negué, pero que siempre guardé, para ella, mi primera vez, mi abandono total y absoluto, mi locura de amor, mi sueño más real.
Ella era morena; como mi tímido amor, como mi cándido amor, como mi entregado y puro amor.
Ella era morena, como mi pesar, como la tenue oscuridad que me fue envolviendo sin darme cuenta en su abandono, como la ausencia de mi mismo, como mi último adiós, como mi más callada tristeza, como mi noche más vacía, más larga y más amarga, como el primer y constante dolor, con el cual se llenó mi vida desde que no esta...
ella era morena, pero se volvió blanca; como esta palidez de muerte que hoy me acecha, pero que igual adoro, aunque me arranque la vida.

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