Déjame brindarme amoroso a ti en mis suspiros.
Déjame enamorarme de ti con tus locuras, tus poemas, con tus risas, con tus manos.
Déjame vivir contigo solo un instante que dure un millón de noches o al menos el tiempo que dura un pestañeo de la eternidad.
Déjame disfrutar la turbación que me provoca el oler el perfume de tu cuerpo.
Déjame ser el sacerdote ritual que acaricie el cielo de tus deseos con mi lengua.
Déjame correr desbocado entre tus sueños sintiendo la libertad de vivir la plenitud de tus abrazos.
Déjame dibujar mis sueños en tus sueños, disfrazado de pincel de bruma entre tus piernas.
Déjame ser el silencio que estremezca con sus dedos y su aliento, cada una de las estrellas de tu noche.
Déjame ser pasión y compañía, realidad y fantasía que te invente de un hechizo sacado del resplandor de tu mirada.
Déjame tontear contigo de la mano para ser ternuras y quebrantos, pláticas sin sentido y enojos fingidos.
Déjame ser en ti, por ti, para ti, contigo, todo lo que siempre he soñado.
Y si te vas, solo una cosa es que te pido... Déjame tu alma en una pequeña caja hecha de mi corazón.
Gustavo Reyes Ramos 24/02/2014.

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