No puedo liberarme de esta condena que yo solo me
impuse, del dolor y la soledad que conlleva, de la
nostalgia que me hiela, del vacío que me abrasa, no
puedo olvidar el olor de tus axilas, de tu pelo, el sabor
de tu sexo y de tu alma... Sigo preso en ti, aunque ya
no seas mi carcelera y me hayas abandonado en
esta prisión vacía, con la reja abierta hace mucho,
mucho tiempo.
Gustavo Reyes Ramos 31/12/2013.

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