ELLA.
Ella era el sueño errante que nunca confesé, pero que siempre tuve vagando como astilla inquieta por mi sensible inconsciente. Como fantasma de amor,desvelaba mis insomnios con sus labios encarnados, ella la descarada de siempre que así, sin conocerla, sin habernos presentado, sin saber siquiera de ella, andaba por mi mente descalza, insolente, con su alma totalmente desnuda, acechándome, azuzándome, seduciendome.
Yo la había presentido antes, creo que fue una vez que mirándome en sus ojos, sin querer, en un parpadeo le abrí de par en par las puertas de mi alma; no lo recuerdo realmente porque cabe la posibilidad de que lo haya vivido solo en sueños de sueños y sin embargo ahí estaba, desvergonzada, bebiéndose uno a uno mis suspiros, con su sonrisa más coqueta, como si de margaritas se tratasen, mostrándome sin pena sus ayeres y nuestros futuros, (en la unión de sus muslos podría jurar que se me derretía ya el alma).
Cuando repentinamente, dejó caer sobre la mesa, ante mis ojos, su carta triunfal, con la oferta coqueta de hacerme rey en ese loco instante eterno... Pasar a la posteridad con ella como instrumento para tocar el cielo. Ofreciéndome en su escote el presente sin miedos, la dicha sin promesas con el único compromiso de dejarme llevar a cambio, por las alas de su beso hasta las adictivas delicias de su sexo, viviendo esta noche o hasta mañana o quizás solo la misma eternidad efímera... Como dije antes, no me prometió nada que no fuera a cumplir al momento. Y me deje llevar hacia sus brazos,con la docilidad de un vagabundo ebrio de la incuria del mundo, incierto de mañana, con la promesa de un refugio entre sus labios, enganchado por sus ojos, tomado de la bruma fría de su pequeña y dulce mano, caminando hacía la noche, nuestra noche, dispuesto a disolverme en la neblina densa de su sensualidad y en su precioso cuerpo de pantera en celo.
Gustavo Reyes Ramos 31/03/2014.

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