PEQUEÑA MÍA...NIÑA MÍA.
Siempre soñé tener un amor como este,
que fuese pequeño y mío;
que siguiera estas huellas ardientes de amor que le he dejado,
con vocación y disciplina.
Que me quitara las capas hurañas
con sus besos y su ser de niña dulce,
mirando con placer su reflejo en mis amantes ojos,
siempre esperándolo, siempre buscándose y buscándome.
Que hiciera de mi compañía
y de nuestras almas juntas una fortaleza de amor,
como lo hace la pequeña mía.
Siempre esperé por una amante,
que inundara con la luz de su entrega mis ojos tristes,
ungiéndome de olvido con el bálsamo de sus entrañas.
Siempre esperé por alguien que se abandonará desmayada,
lujuriosa y expectante a mis caricias,
que besara mis dedos
mientras poseo con la experiencia del tigre viejo
su mente, cuerpo y alma.
Ahora en reciprocidad me entrego a ti,
pidiéndote que me hagas deshabitar el pasado,
bebiendo olvido de la sensualidad bendita de tus labios,
los mayores, los menores, los sensuales, los pecadores...
¡Los de tu alma!
Déjame beberme a besos
el tesoro inquieto de tus espléndidas caderas,
dame el preciado elixir del amor que brota de tu estrecha fuente,
para tener vida eterna,
para renacer contigo despues de esta tu "muerte chiquita",
que te hace regresar nueva, vital
y enamorada, de tus cenizas agónicas.
Concilia mi oscuro ayer con tu brillante futuro,
dame esperanzas nuevas arando tus entrañas,
sembrándote de vida las promesas que germinan.
Abrasame con tu aliento, dame el fuego de tus ojos,
para fumarme esta nueva ilusión;
no importa que me esté matando el cáncer de los sueños rotos.
Aspirar el humo de un sueño más,
quizás me mate más rápido,
quizás lo haga más lento... quien lo sabe.
Gustavo Reyes Ramos 20/03/2014.

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