La vida, esto que llamamos vida, esta hecha de muertes a deshoras, de sueños truncos, de arrepentidos "hubiera" que nunca hubo.
La noche me vigila y yo le guiño coqueteando a sus sombras misteriosas con mis siniestras sonrisas.
La vida es fea ¿sabes? pero al paso del tiempo, nuestra imaginación la vuelve linda. Es como una especie de droga, que nos dora la píldora de los días vividos, para que podamos tragar el pasado, para que aceptemos el presente y digamos al futuro que "nuestro tiempo fue mejor".
Ilusos sin sombra que nos espantamos de nuestro propio reflejo avejentado día tras día, sin darnos cuenta que a cambio de la lozanía de nuestras pieles y la firmeza de nuestras carnes se nos concede la gracia de la experiencia y el don de la resignación.
Aquellos que mueren jóvenes son afortunados.
Somos bacterias sin nombre para el gran velocista de nuestra dimensión, el amo del tiempo que se yergue altivo sabiendo que es y será siempre, el ganador irrefutable.
Despiertas, y me dices que no te gusta que te mire mientras duermes; que sientes que te acecho. Que en que pienso...
En nada - te respondo - que es sólo la luna que me pone introspectivo.
Mis ojos centellean. Guardo el hacha y me acomodo para dormir pensando que una mujer debe morir mientras aún es bella y joven.
Gustavo Reyes Ramos D.R.
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