viernes, 25 de noviembre de 2016

MARY.

Cada vez que te pienso, mi alma te bendice,mis lagrimas te añoran y mi cordura te maldice.

De poderlo hacer, de poder dilucidar, no sé que es lo que me dolería más, si Seguir hiriéndome con la arista del engaño, o cercenarme el corazón aceptando la verdad del error tan grave que cometo.

En esto del amor, cada quien decide la forma de despedazarse el alma y la razón o la forma de engañarse... de cualquier forma duele.

Nunca me amaras, pero no quiero matarme la ilusión; ¿que tal, que en una de esas, vuelves a necesitarme y yo no estoy?

Se que nunca me amaras, pero me da igual; de todos modos ya te entregue mis suspiros y silencie mi latido para escuchar la enorme nada que retumba en tu pecho.

Ya mi locura se desvive por tu cielo, imaginando tus ojos y tus labios. Y mi alegría se alegra alegre por tu risa extraña de niña pura y desamparada; con cabello largo y pies helados, a la que sólo escucho cuando viene a verme desvelada e insustancial.

Se que nunca me dirás "amor", ni velaras o rogaras por mi si no me encuentras; total, te buscas otro loco que te adore y ya, así de sencillo es para ti desechar el cariño de un mortal tan simple como yo. Y eso es lo que nos diferencia, pues tu para mi lo eres todo.

Se que nunca me amaras ni trataras de intentarlo, ni tampoco te obligare a fingirlo; no se puede forzar lo que no nace del corazón, y tu no puedes sentir... mucho menos intentar.

Yo se que nunca me amaras, porque alguna vez entregaste el corazón y te lo arrancaron, dejándote el hueco frío y lleno de vacío y que sólo puedes venir a reposar en mi cama por ternura, sexo sin compromiso y tal vez, algo de comprensión. 

Se bien mi lugar; sólo soy un amigo, un "fan", un admirador con suerte, (que diera yo por ser algo más... un poquito más) aunque no me importa. Y te lo susurro en el lugar donde alguna vez hubo una oreja y un oído y te lo repito besando tus cuencas vacías, tus manos heladas y descarnadas y lo pienso mientras en el beso profundo que te doy, paladeo ese sabor a tierra tan propio de tu boca y al que me he acostumbrado.

Gustavo Reyes Ramos Dr.

https://www.youtube.com/watch?v=P1vp8avx8w4


jueves, 24 de noviembre de 2016

ESCRIBO PARA NO MORIR.

Escribo para no morir, para desahogar este alud de sentimientos que me ahoga, que se me desborda en forma de letras.

Escribo para decirte, para aullarte, la oscuridad de mi querencia que me ensombrece el alma con tu nombre, a pesar de que mi ser hosco y huraño tenga su propia densidad en la negrura.

Escribo para no morirme ahogado en recuerdos de ti, para no morirme ausente de mi sin ti.
Desahuciada mi memoria por tus ojos, despojado de tus risas en el vacío sin sentido de tu promesa "por siempre", vago  torvo y resentido de todo y contra todo, lanzando dentelladas a todo aquello que suene a ti, que huela a ti, aunque viva añorándote con el corazón. 

¡Cuánto te extraño!

¡Cuánto te quiero!

¡Cuánto me dueles!

¡Cuánto quisiera odiarte!.

Gustavo reyes Ramos. Dr.

https://www.youtube.com/watch?v=j6haiqhomb8

martes, 22 de noviembre de 2016

¿Y QUE?

¿Y qué si te quiero de manera rabiosa y violenta sensual y apasionada?

¿Y qué, si te quiero con ansias de morderte, de besarte, de ahogarte y despedazarte para rehacerte nueva y libre?

¿Y qué, si quiero darme un festín con tu carne, con tus ojos y tus sueños y ser el dueño de tu ser y de tu alma?

A veces, tal vez podrías mal interpretarme, pensar que es mi deseo dañarte, que quiero llevarte a la perdición de ti misma; pero en el fondo de tu corazón, sabes cual es mi más intima necesidad, sabes que lo que quiero es que seas para mi y conmigo Que camines para mi y por mi, esos metros más que te alejen de los falsos principios moralinos, que te liberes y te dejes ser. Que seas carne y pecado libre de las ataduras de tu prejuicios y etiquetas mentales que tan aferradas tienes. 
Quiero saber que cuento contigo para ser intento de perfección, sublimación del deseo, que puedo hacer de ti , el vehículo de liberación de nuestras almas y deseos. Quiero saber de ti, si puedes ser el sueño que soñé, si puedo probar contigo el sabor de la libertad que tanto ansío, con gusto a prohibido, a pecado, a demonio, a paraíso, a luz y redención.

¿Y que si quiero estar en tus sueños?

¿Y que si quiero ser tus sueños mismos y el único pensamiento que te enajene por completo la mente?

¿Y que si quiero ser la verdad y la luz en el pecado y en la oscuridad de todo lo que no te has atrevido a hacer?

¿Y que si te quiero para mi y conmigo, en un mundo perfecto y perverso que solo sea de amor para los dos?

Gustavo Reyes Ramos D.R.


¡AHÍ ESTARÉ!

¿Te quedarás cuando el tiempo de la dicha se agote?
¿Cuando sea un viejo necio, tonto y amargado?

¿Cuando las palabras se repitan cansadas y obsesivas contando las mismas historias de siempre, porque la memoria ya no sea la misma?

¿Cuando el gozo sea sólo un triste y doloroso recuerdo que se escurra en el olvido?

¿Cuando la enfermedad me provoque desvarios y me haga actuar extraño y sea grosero pidiéndote que me dejes solo?

Cuando me acerque a tu dios por medio de la devastadora y última tribulación, que es cuando realmente aflora la naturaleza inválida del ser humano, ¿Te quedarás?

¿Estarás ahí, para acompañarme cuando ya no sea yo lo que mires, sino un despojo marchito y enfermo, agotado por mis propios pecados a los que abrazaré hasta el final aunque ya no los quiera?

¿Que pasará cuando me vuelva tan inútil como un recién nacido?

¿Estarás ahí cuando no tenga control sobre mi ser más básico y la vergüenza impía me impida contestarte y mirarte a los ojos para darte las gracias?

¿Que pasará cuando las palabras se agoten, cuando ya no fluyan? ¿Cuando solo sea llanto lo que veas en mis pupilas mezclado con terror a lo que viene por ser desconocido?

¿Estarás ahí cuando la vida me robe la risa del alma y la proximidad de la muerte solo me permita abrir la puerta al acobardamiento?

¿Estarás cuando llegue la hora del sosiego más a fuerza que por gusto?

¿Cuando se me hayan acabado los sueños y no pueda ni esperar sentado junto a la ventana la promesa de un nuevo día?

¿Y cuando se cuelguen de las comisuras de mis labios todas las tristezas que he callado cerrándome la boca en un gesto de amargura?

Y cuando se me acaben los "Te amo" y los "Te quiero" no por falta de ganas de decírtelos; sino por falta de fuerzas para susurrarlos aunque sea, en tu oído ¿Estarás ahí?

¿Cuando sea casi invisible la luz de mi intelecto por estar mi mente perdida entre laberintos sin salida de miedo y de dolor?

Cuando se me acabe la esperanza aunque tu la prometas. Cuando se me olvide en la aflicción de los últimos días, los recuerdos que vivimos, lo mismo que nuestra canción y el amor con el que te cuide entre abrazos y pleitos ¿Ahí estarás?

¿Cuando ya no sienta ni el viento, ni el sol, ni tu caricia o tu beso, cuando ya no oiga la música, ni vea la flor, cuando más te necesite aunque quiera estar solo y muerto por temor a vivir así... ¿Tu, estarás ahí?

Y la respuesta simple surge refulgente de tus labios, (alejando con su resplandor de promesa amanecida mis miedos). "Ahí estaré", dices; mientras besas mi mano despejando con tu promesa mis oscuras cavilaciones del futuro.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.


ES USTED.

Usted es y será siempre mi mujer. Por siempre mi puta más amada, mi señora persignada, mi amor más dolorido, mi querer más insistido, la perra incondicional en el insomnio bendito de mi cama y la dama perfecta por quien se desvelan mis suspiros. Usted es, y será siempre mía; porque yo soy su dueño así como usted es la mía.

Usted es mi amor eterno y mal correspondido, mi mujer sumisa con su devoción mal sometida.

Usted es mía, siempre mía, aunque esté en otra cama, aunque sea otro quien la lleve prendida de su brazo; porque solo yo he podido verme reflejado en sus ojazos.

Usted es mi mujer, mi Señora, mi tristeza incomprendida, mi canción de la existencia, mal cantada y aprendida, mi esclava sublevada. La historia de mi vida.

Hoy he amanecido especialmente lascivo, decidido a compartirte mis más profundas oscuridades, a hacer de ti mi perra, mi redención, mi puta y mi salvación.

Hoy amanecí decidido a llevarte a la hoguera del sexo pleno; para, en ese crisol; sacar tu esencia más pura, y beberla de tu copa al rojo vivo. 
Hoy he decidido llevarte al infierno del placer y redimirte mediante el sexo más pleno, más animal, más puro y más santo que jamás has conocido.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.

Yo soy aquel...


Soy el hombre que envenenas con tu tacto, al que embriagas con tu aliento, a quien seduces con tu canto.

Soy aquel de la cabeza altiva, del orgullo ríspido, que delante de ti se postra manso, para besar tu delicado pie con un beso puro, con un beso casto, deslumbrado por la virginidad de tu pasión tan viva.

Harto de las falsas impuras y mundanas, me arrodillo ante ti para calmar esta sed de amor y de verdad, que solo puede venir del centro de tu fuente inagotable y líquida; prohibida por la santa inquisición de la doble moral y el prejuicio, pero que tiene un color rosado muy bonito.

La ternura de tus muslos estremece de envidia a la gran venus. 
Diosa pagana y mía de las perfectas ubres. Ronzal mágico de aquel que incauto se mira sin querer en tus preciosos ojos. Dominas a la bestia masculina con el resplandor del fuego que de ti emana.
Hembra que desdeña ser, pero que con sus caderas redime, pues la naturaleza obliga ¡Reina de las cortesanas!

Soy por suerte el hombre que dichoso se acurruca al abrigo de tu alma, (afortunado entre los hombres dicen acertadamente), y que en esta fragua de amor, haces de mi sencilla arcilla algo divino, mas fuerte que el acero, más suave que la seda, más dulce que un licor, más bendito que el olvido.

De barro soy señores. ¡Nunca lo he negado! pero ella hace sonar mi nombre como si a un dios se mencionase. Al escucharlo brotar de sus amados labios como un gorjeo, como un canto de misteriosa y enamorada hada, todo mi ser montaraz y huraño busca cobijo en su regazo, lo mismo que el calor de su pequeña mano.

Si el tiempo de mi final me sorprendiera, me gustaría que fuera con este pensamiento de ti en mi memoria, que despreciando el yugo del miedo a la descarnada novia, con gusto le gritaría que puede tomar mi cuerpo, porque mi alma es tuya para la eternidad de la postrera historia.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.
CUATRO ELEMENTOS, UNA SOLA PALABRA.


Si me llamaras aire, sería siempre un remolino suave de caricias a tu alrededor. Sería siempre esa brisa fresca que te mantuviera cómoda y
a gusto. tratando de envolverte en aromas de campos de nardos y naranjos, buscaría la forma de hacerte un halo a menta, lavanda y laurel que te hicieran lucir siempre como una flor silvestre envuelta en perfumes de verdor y de frescura acordes a tu preciosa imagen. Buscaría en mi espacio, en mi dominio, las palabras más dulces y ardorosas dichas por los poetas más sublimes para acariciar tu alma y por ende, tu corazón.

Si me llamaras tierra, buscaría la manera de ser suave, húmedo y terso para que tu pequeño pie no se lastime; para que tu suave planta siempre tuviera el gusto por sentirme, el deseo de tocarme encantado. Haría crecer para ti los pastos más perfumados y más suaves. Apartaría de tu paso todo abrojo o roca que pudiera lastimar o interrumpir tu caminar de ángel entre los mortales.

Si me dijeras agua, los mares enteros y sus criaturas estarían a tus pies. Miles de ríos acariciarian tu piel enternecidos y enamorados por tus portentosas curvas. Y la lluvia no te mojaría respetuosa o te mojaría si lo pidieses tratando de caer tibia sobre tu delicioso rostro de niña, para no incomodarte. Dibujando y resaltando cada detalle de esa hermosura auténtica y sin malicia; convirtiéndose en las noches en arrullo para dormirte y velar tu sueño, tornando acuoso el rayo para que ruede suave y no te espante.

Si me llamaras fuego, sería la chispa incandescente que habitaría siempre en tu corazón, lo mismo que la llama solícita que se enredaría en tus dedos para quitarte el frío. Sería la flama que te abrase amorosa pero sin dañarte. Y sin embargo, en un arranque pasional, sería el incendio, la vorágine de llamas que te consumiría hasta más allá del alma y de donde renacieras incendiaria, con el hambre de la pira, con la voracidad ardiente, que te llevara a encender de nuevo la yesca una y otra vez.

Pero si alguna vez, tu me dijeras "Amor"...¡No sabes todo lo que por ti haría!

Gustavo Reyes Ramos D.R.



EL SABOR DE LA NOSTALGIA.


¿A qué sabe la nostalgia?

Sabe a pasado irrevocable,

intocable e inamovible,

sabe a pan con miel de estrellas frescas, remojado en la noche.

Sabe a risas de ayer en medio del infierno.

Sabe a rabia de rendición 

y a gloria de saber que viviste lo mejor aunque todo haya acabado.

Sabe al recuerdo de una vida sin preocupaciones en una tarde soleada, encontrando formas en las nubes,

que viene a la memoria... Justo cuando te estás muriendo.

Gustavo Reyes Ramos. D.R. 


domingo, 20 de noviembre de 2016

MIENTRAS TE VEO DORMIR.

La vida, esto que llamamos vida, esta hecha de muertes a deshoras, de sueños truncos, de arrepentidos "hubiera" que nunca hubo.

La noche me vigila y yo le guiño coqueteando a sus sombras misteriosas con mis siniestras sonrisas.

La vida es fea ¿sabes? pero al paso del tiempo, nuestra imaginación la vuelve linda. Es como una especie de droga, que nos dora la píldora de los días vividos, para que podamos tragar el pasado, para que aceptemos el presente y digamos al futuro que "nuestro tiempo fue mejor".

Ilusos sin sombra que nos espantamos de nuestro propio reflejo avejentado día tras día, sin darnos cuenta que a cambio de la lozanía de nuestras pieles y la firmeza de nuestras carnes se nos concede la gracia de la experiencia y el don de la resignación.

Aquellos que mueren jóvenes son afortunados.

Somos bacterias sin nombre para el gran velocista de nuestra dimensión, el amo del tiempo que se yergue altivo sabiendo que es y será siempre, el ganador irrefutable.

Despiertas, y me dices que no te gusta que te mire mientras duermes; que sientes que te acecho. Que en que pienso...

En nada - te respondo - que es sólo la luna que me pone introspectivo.

Mis ojos centellean. Guardo el hacha y me acomodo para dormir pensando que una mujer debe morir mientras aún es bella y joven.

Gustavo Reyes Ramos D.R.



viernes, 4 de noviembre de 2016


SUEÑOS...

Jamás debí salir tan tarde de casa y menos después de pasar tan mala noche...
- Le dije a la niña que me acompañaba mientras caminábamos por la carretera vacía.
- Pareciera - le dije - que la pesadilla que tuve fuera premonición de algún modo de lo que me pasó al reventarse la suspensión y el chicote del freno, lo bueno es que no pasó nada malo...
- Nada malo - repitió mientras dibujaba en su rostro una sonrisa ligera sin motivo alguno, como hacen la mayoría de los niños.
- Me choca esa sensación tan real; cuando sueñas que estás en algún lugar y despiertas y realmente estás en otro. No sé si a ti te ha pasado, pero por instantes es terriblemente confuso. Soñé... bueno realmente no recuerdo bien que soñé, había gritos, ruidos muy fuertes, sacudidas, vidrios rotos y chirridos de metal, tumbos, muchos tumbos; era como un accidente ¿sabes? y cuando todo pasó, tenía miedo y frío y estaba oscuro y yo estaba como mojado de algo en la cabeza y el cuello, pero lo que más miedo me dió es no saber dónde estaba porque estaba solo (sí, sí, mi más grande temor) sólo, sin nadie, en un lugar desconocido. Me desperté yo mismo con mis gritos, pues en el sueño, empecé a pedir ayuda a voces siendo que en realidad, estaba yo acostado en mi recamara, en mi cama, pero no reconocía el lugar, estaba muy cambiado incluso la disposición de los muebles, su distribución en el espacio de mi casa. No sé si me explique, pero mi casa ya no era la misma y eso me aterro más, fue lo que me acabo de despertar y me dejó taciturno espantándome el sueño...

- Si, yo sé cómo son esos sueños - me dijo sin voltear a mirarme con esa serenidad que le iluminaba su carita, siempre viendo hacia adelante tratando de ver, de encontrar lo que andaba buscando.
Me extrañó que anduviera sola tan niña y tan de noche, pero me dijo que andaba buscando una oveja descarriada y pues como íbamos en la misma dirección le ofrecí acompañarnos. Ella aceptó y caminamos, aunque a veces sentía como que era yo muy lento para ella pues había veces que la veía hasta cinco o diez metros delante mío. Entonces ella se detenía y volteaba a verme diciendo:
- Deja de pensar que por eso te atrasas.
La noche, o debería decir la madrugada, empezó a ponerse fría y le ofrecí la americana que yo llevaba puesta; me dijo que no tenía frío, que me la dejara yo, pero insistí pues me dio pendiente que se pudiera enfermar tan pequeñita tan delgada y pálida que se veía y a regañadientes aceptó ponersela y así continuamos. Deje de hablar y de pensar en voz alta. Sólo quería llegar a donde fuera que viviera y saber si ahí de algún modo me podrían ayudar; cuando después de varios metros andados me espetó:
- Ya llegamos.
Traté de escudriñar el paisaje para vislumbrar su casa, pero era tan densa la noche carente de luna, que no pude ver nada, entonces le dije:
- Vamos pues, te llevo hasta la puerta, para que tu familia no esté con pendiente.
- Ella sólo con su sonrisa enigmática y maliciosa y me dijo:
- Es aquí, lo sé porque está la cruz... Estamos en casa .
Entonces recordé de golpe todo. El accidente, la oveja que esquive, su vestido ligerito de tirantes amarillo con flores blancas que se esfumó cuando la golpeaba con el auto... Pero lo más aturdidor, fue cuando al bajar la cabeza, leí mi nombre en la cruz y más abajo unas fechas. Ahí fue que comprendí todo mientras un grupo de espíritus nos salían al paso preguntando si estábamos bien y porque habíamos tardado tanto en nuestro paseo nocturno de cada noviembre.

Gustavo Reyes Ramos D.R.