Sentado al fondo de la desilusión, pedí un café para los dos. Aunque siempre sea yo solo.
Las chicas del servicio son siempre muy amables conmigo, e incluso me coquetean. Y yo se los agradezco tratando de hacer mi mejor sonrisa (esa, la sonrisa chueca de la que te enamoraste) que no intenta conquistar, pues se bien, que es parte de la atención que me prestan y del trato amable que me devuelven (al fin y al cabo, naturalmente siempre mujeres), por ser "lindo", educado y generoso en mis propinas.
Reviso mis apuntes a mano. Al día de hoy son tan contados. No debería confiar tanto en la tecnología tan voluble y decepcionante como el amor en estos tiempos de inmediatez, pienso mientras acto seguido abro la portátil y suspiro recargándome en el respaldo de la silla.
Son los actos sencillos de los hombres los que hacen la vida. Es su hacer y dejar de hacer y dejar hacer a los demás; lo que va construyendo el sentido de su triste paso por el tiempo segundo a segundo, cada uno de ellos.
Aquí, o en cualquier otra parte del mundo, se tejen relaciones, unas terminan, otras empiezan. Lo mismo que las vidas.
La vida solo es valorada por algunos cuando está perdida.
Solo cuando te estás muriendo es que realmente aprecias todo lo que tienes y todo lo que eres y fuiste y cada instante se torna tan valioso que lo tratas de ocupar en algo meritorio.
No sé si me explique. Te digo mientras observo tu lugar vacío y veo humear tu taza de café.
Una de las chicas (la que siempre ha sido mi favorita por sus ojos dulces y su hermoso rostro sensual y latino) se detiene a mi lado preguntando:
- "¿Como está mi amado poeta?"
Y la respuesta de siempre:
- Y... No lo sé, si quieres dime donde está sentado y voy a preguntarle.
Ella trata de sonreír y al hacerlo, se escapa de su rostro dulce una ligera mueca de dolor.
- ¿Que tienes, que pasó?
Ella apenada, voltea su rostro, desviando la mirada y cuando vuelve a hacer contacto visual, veo sus ojos vidriosos y aprecio un moretón grande en la parte izquierda de su cara, disimulado por el maquillaje.
- Él... nosotros... - Empieza a decir y después sentencia:
- No quiero que me juzgues... ¿Esta bien?
- ¡Claro! - le contesto - Yo no soy nadie para juzgar a nadie, ni estoy libre de culpas...
- ¿Me puedo sentar?
- ¡Por favor! le reviro haciendo el ademán de levantarme para jalar una silla. Ademán que ella detiene con un gesto suave, pero firme con su mano derecha en mi hombro mientras con la izquierda jala una silla. Y mientra se sienta, me dice:
- Quiero aclarar que esta confesión que te voy a hacer, es sólo para que no te preocupes pues siempre has sido muy lindo conmigo y porque tu me revelaste el secreto de las dos tazas de café al mismo tiempo.
Él... Nosotros, mi pareja y yo, estamos involucrados en el juego del sado y a veces se le pasa un poco la mano. Hay ocasiones en que él no se detiene aunque yo se lo pida y al final, pues creo que me he acostumbrado... Yo lo amo pero el sólo me utiliza y no quiero que se vaya, no tanto por mi sino por mis hijos que lo adoran. después del sexo yo me siento vacía y muy triste. No, por favor, no digas nada. Es una confesión de ida solamente ¿Si? Y me voy, pues tengo trabajo y si me ven que estoy contigo mucho tiempo, me van a llamar la atención.
Y levantándose súbitamente, me dió un beso en la mejilla y se alejó.
De esto es de lo que te estaba hablando pensé, volviendo a mirar tu lugar ausente.
Unas mesas más allá, una pareja en medio de una diplomática y fría cordialidad, acaba de finalizar los arreglos de su divorcio, mientras en sus miradas navega la pregunta ¿Donde está esa persona maravillosa de la que me enamoré?
Dejo de mirarlos y me concentro en tu taza de café, mientras de una mesa al lado, alguien dice:
- Pues yo no sé como lo hagas, pero quiero que la herencia del viejo sea únicamente para mi, bastante le aguante sus groserías. Que sea el pago de mi sacrificio.
Alguien junto a él murmura algo inteligible y él revira:
- A mi no me importan sus otros hijos ni sus familias pobres. Yo lo iba a ver casi diario por diez minutos... ¡Diez minutos! ¿Sabes tu cuanto de mi vida es eso?...
De alguna otra mesa (ya no busco la ubicación) me llega el rumor de gente que ha vendido su alma...
- Entónces los trescientos pesos nos los dan cuando acabe el evento... pero ¿y las despensas?...
Ya no quiero escuchar.El mundo está jodido te digo mentalmente. Acercando a mis labios tu taza de café ahora tibio y después del sorbo digo en voz alta "La vida es un eterno blues del que todos hablamos y yo no puedo evitar que en tu ausencia, yo también converse de ese mismo blues que me amortaja el alma".
Gustavo Reyes Ramos. D.R.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
¡Gracias por tu comentario!