Cuando se pase el miedo de mirarte.
Cuando al amparo de un abrazo, tenga la certeza de tocarte sin romperte.
Cuando pueda al fin olerte imperturbable y desnuda al calor de la tarde.
Cuando vea tus cabellos regados por la almohada cual desbandada oscura de la mismísima noche y tus mejillas encendidas haciendo dos soles de verano con una sonrisa al medio, dedicada a mi, con tus grandes ojos entrecerrados.
Cuando yo huela a ti y se desprenda de mi cuerpo ese aroma a bizcochos azucarados cocidos junto a pan de trigo silvestre. Cuando huela a hierba de las orillas del pueblo pisadas al amanecer. Y pueda caminar ligero, al ritmo de las risas de los niños, deslumbrando a todos como si mi sonrisa estuviera confeccionada con sueños, entonces tendré por cierto que he sido tan de ti, como tu mía. Certeza de viajar en una nube rumbo al paraíso del amor, sin haber muerto en el intento.
Gustavo Reyes Ramos. D.R.
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