martes, 13 de septiembre de 2016

LLUVIA NOCTURNA.


Llueve. Pero no como al soñar y mucho menos al soñarte.

Llueve, como cuando divagas; soñando despierto, encandilado a la luz de las ilusiones.

Llueve, pero no como cuando he soñado que te digo que te quiero y me besas, agitando y perturbando el estanque de la noche, con ondas que despiertan la luz y las risas de las inquietas estrellas.

Llueve, pero no como cuando te escribo y se me empapa el alma con la brizna tupida de todo lo que tu recuerdo conmueve en mis adentros.

Llueve, pero no como cuando te escribía en braille y sin censura, mi terrible, oscura y demandante pasión desesperada.

¡Ay, oscuro de mi! Que pido a gritos de sombra, a voces de negrura, que te apiades de mi densa pena. 

¡Ay, oscuro de mi! Que te escribo de noche y con tinta negra. Añorando a ciegas a mi dulce esclava, mi oscuro placer, mi negra pena; inmerso en esta brutal niebla que significa para mi el no tenerte, el no saberte, el no besarte. Pensando en que ojalá me pienses. Deseando saber que me has soñado y morir por no poderlo saber a ciencia cierta tristemente.

Llueve, pero no con la pasión de este reclamo de amor enfebrecido.

Llueve, de nubes densas y pesadas, como todo el cariño que siempre he querido demostrarte, que siempre he querido expresar enardecido, pero que nunca pude mostrarte debido a tu rechazo.

Llueve, pero no como en los sueños. En los sueños siempre me besas y estas enamorada.

Llueve, pero no como en los sueños, en los que cuando llueve, nos empapamos desde el cuerpo hasta el alma. Son aguaceros turbios, que nos ensopan la conciencia y nos liberan de resentimientos viejos y egoístas.

Esta lloviendo. Y se que es en la realidad, porque son gotas breves, carentes de sentido. Son gotas suaves y tibias que no dejan huella. Pero sobre todo, porque a ese tenue aguacero, le faltas tu.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.


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