Ruégame Señora.
Para que mis anhelos te busquen el sonrojo.
Ruégame Señora.
Para que mis tristezas hagan nido entre tus besos.
Ruégame Señora.
Para que mis caricias te enamoren a la orilla del desvelo.
Ruégame Oh Señora, que enamoras a este humilde pecador del desconsuelo. Porque he dejado de creer en la vida eterna de un beso enamorado.
Porque he dejado de soñar que hay una vida futura donde todo es propicio, donde nada es infortunio, donde no se sufre ni se llora y los enamorados se pertenecen como ramas a los árboles, como aguas a los ríos, como las risas y las campanas a los sonidos al viento.
Ruégame Señora.
Porque he pecado de realidad y de cordura. Porque mis ojos han llorado todos los parajes salobres de la tierra y mis ojos están áridos de desencanto y desamor.
Ruégame Señora.
Porque quiero ser tuyo en cuerpo mente y alma, pero la precaución me condena, me pierde y me detiene.
Ruégame Señora.
Para que este pecador de lo concreto pueda volver a creer en el brillo de tus ojos, en la promesa de mi nombre acariciado por tus labios y en la promesa de un sueño viviendo juntos en la realidad del futuro.
Amén.
Gustavo Reyes Ramos. D.R.
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