lunes, 19 de septiembre de 2016

SIROCO.

Eres viento del desierto. Abrazador, seco, áspero, que viene y me envuelve en su calor.

Agresiva y ardiente sorpresa que me da todo aunque me hiera y se hiera, aunque me extinga y se extinga.

Tempestuosa, formidable y pronta; quizá sabiendo que el paso de este amor sea tan fugaz como el impulso del aire caliente que le da vida. Impulso que me seca por dentro y por fuera, llevándose mi sudor, mis lágrimas y mi saliva, dejándome en la boca el musitar reseco de su nombre. Como el pedir agua en la boca del sediento.

Viento del desierto que me deja el alma pelada y árida y el placer en carne viva.

Viento del desierto que me deja ciego y erizado, por sus cariños salvajes, expectante por sus ternuras calcinantes que es lo único que no me da.

Viento del desierto que me acaba en el placer y me extingue en la pena del "no me llames amor".

Viento del desierto que aparece de la nada y me arrasa en su avalancha pasional de sexo apresurado, de travesura relampagueante de niña, que me deja triste, solo y enamorado anhelante de cariño, de ternura, de mimos que me hacen esperar la próxima tormenta de arena. Para tener sexo con un tizón encendido de labios granate, que me da todo, menos su corazón. Dejándome sediento de ternuras tan antiguas como yo.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.



martes, 13 de septiembre de 2016

LLUVIA NOCTURNA.


Llueve. Pero no como al soñar y mucho menos al soñarte.

Llueve, como cuando divagas; soñando despierto, encandilado a la luz de las ilusiones.

Llueve, pero no como cuando he soñado que te digo que te quiero y me besas, agitando y perturbando el estanque de la noche, con ondas que despiertan la luz y las risas de las inquietas estrellas.

Llueve, pero no como cuando te escribo y se me empapa el alma con la brizna tupida de todo lo que tu recuerdo conmueve en mis adentros.

Llueve, pero no como cuando te escribía en braille y sin censura, mi terrible, oscura y demandante pasión desesperada.

¡Ay, oscuro de mi! Que pido a gritos de sombra, a voces de negrura, que te apiades de mi densa pena. 

¡Ay, oscuro de mi! Que te escribo de noche y con tinta negra. Añorando a ciegas a mi dulce esclava, mi oscuro placer, mi negra pena; inmerso en esta brutal niebla que significa para mi el no tenerte, el no saberte, el no besarte. Pensando en que ojalá me pienses. Deseando saber que me has soñado y morir por no poderlo saber a ciencia cierta tristemente.

Llueve, pero no con la pasión de este reclamo de amor enfebrecido.

Llueve, de nubes densas y pesadas, como todo el cariño que siempre he querido demostrarte, que siempre he querido expresar enardecido, pero que nunca pude mostrarte debido a tu rechazo.

Llueve, pero no como en los sueños. En los sueños siempre me besas y estas enamorada.

Llueve, pero no como en los sueños, en los que cuando llueve, nos empapamos desde el cuerpo hasta el alma. Son aguaceros turbios, que nos ensopan la conciencia y nos liberan de resentimientos viejos y egoístas.

Esta lloviendo. Y se que es en la realidad, porque son gotas breves, carentes de sentido. Son gotas suaves y tibias que no dejan huella. Pero sobre todo, porque a ese tenue aguacero, le faltas tu.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.


domingo, 11 de septiembre de 2016

SÓLO ENTONCES...

Cuando se pase el miedo de mirarte.

Cuando al amparo de un abrazo, tenga la certeza de tocarte sin romperte.

Cuando pueda al fin olerte imperturbable y desnuda al calor de la tarde.

Cuando vea tus cabellos regados por la almohada cual desbandada oscura de la mismísima noche y tus mejillas encendidas haciendo dos soles de verano con una sonrisa al medio, dedicada a mi, con tus grandes ojos entrecerrados.

Cuando yo huela a ti y se desprenda de mi cuerpo ese aroma a bizcochos azucarados cocidos junto a pan de trigo silvestre. Cuando huela a hierba de las orillas del pueblo pisadas al amanecer. Y pueda caminar ligero, al ritmo de las risas de los niños, deslumbrando a todos como si mi sonrisa estuviera confeccionada con sueños, entonces tendré por cierto que he sido tan de ti, como tu mía. Certeza de viajar en una nube rumbo al paraíso del amor, sin haber muerto en el intento.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.



YO TAMBIÉN HABLO DEL MISMO BLUES.

Sentado al fondo de la desilusión, pedí un café para los dos. Aunque siempre sea yo solo.

Las chicas del servicio son siempre muy amables conmigo, e incluso me coquetean. Y yo se los agradezco tratando de hacer mi mejor sonrisa (esa, la sonrisa chueca de la que te enamoraste) que no intenta conquistar, pues se bien, que es parte de la atención que me prestan y del trato amable que me devuelven (al fin y al cabo, naturalmente siempre mujeres), por ser "lindo", educado y generoso en mis propinas.

Reviso mis apuntes a mano. Al día de hoy son tan contados. No debería confiar tanto en la tecnología tan voluble y decepcionante como el amor en estos tiempos de inmediatez, pienso mientras acto seguido abro la portátil y suspiro recargándome en el respaldo de la silla.

Son los actos sencillos de los hombres los que hacen la vida. Es su hacer y dejar de hacer y dejar hacer a los demás; lo que va construyendo el sentido de su triste paso por el tiempo segundo a segundo, cada uno de ellos.

Aquí, o en cualquier otra parte del mundo, se tejen relaciones, unas terminan, otras empiezan. Lo mismo que las vidas.

La vida solo es valorada por algunos cuando está perdida.

Solo cuando te estás muriendo es que realmente aprecias todo lo que tienes y todo lo que eres y fuiste y cada instante se torna tan valioso que lo tratas de ocupar en algo meritorio.

No sé si me explique. Te digo mientras observo tu lugar vacío y veo humear tu taza de café.

Una de las chicas (la que siempre ha sido mi favorita por sus ojos dulces y su hermoso rostro sensual y latino) se detiene a mi lado preguntando:

- "¿Como está mi amado poeta?"

Y la respuesta de siempre:

- Y... No lo sé, si quieres dime donde está sentado y voy a preguntarle.

Ella trata de sonreír y al hacerlo, se escapa de su rostro dulce una ligera mueca de dolor.

- ¿Que tienes, que pasó?

Ella apenada, voltea su rostro, desviando la mirada y cuando vuelve a hacer contacto visual, veo sus ojos vidriosos y aprecio un moretón grande en la parte izquierda de su cara, disimulado por el maquillaje.

- Él... nosotros... - Empieza a decir y después sentencia:

- No quiero que me juzgues... ¿Esta bien?

- ¡Claro! - le contesto - Yo no soy nadie para juzgar a nadie, ni estoy libre de culpas...

- ¿Me puedo sentar?

- ¡Por favor! le reviro haciendo el ademán de levantarme para jalar una silla. Ademán que ella detiene con un gesto suave, pero firme con su mano derecha en mi hombro mientras con la izquierda jala una silla. Y mientra se sienta, me dice:

- Quiero aclarar que esta confesión que te voy a hacer, es sólo para que no te preocupes pues siempre has sido muy lindo conmigo y porque tu me revelaste el secreto de las dos tazas de café al mismo tiempo.

Él... Nosotros, mi pareja y yo, estamos involucrados en el juego del sado y a veces se le pasa un poco la mano. Hay ocasiones en que él no se detiene aunque yo se lo pida y al final, pues creo que me he acostumbrado... Yo lo amo pero el sólo me utiliza y no quiero que se vaya, no tanto por mi sino por mis hijos que lo adoran. después del sexo yo me siento vacía y muy triste. No, por favor, no digas nada. Es una confesión de ida solamente ¿Si? Y me voy, pues tengo trabajo y si me ven que estoy contigo mucho tiempo, me van a llamar la atención.

Y levantándose súbitamente, me dió un beso en la mejilla y se alejó.

De esto es de lo que te estaba hablando pensé, volviendo a mirar tu lugar ausente.

Unas mesas más allá, una pareja en medio de una diplomática y fría cordialidad, acaba de finalizar los arreglos de su divorcio, mientras en sus miradas navega la pregunta ¿Donde está esa persona maravillosa de la que me enamoré?

Dejo de mirarlos y me concentro en tu taza de café, mientras de una mesa al lado, alguien dice:

- Pues yo no sé como lo hagas, pero quiero que la herencia del viejo sea únicamente para mi, bastante le aguante sus groserías. Que sea el pago de mi sacrificio.

Alguien junto a él murmura algo inteligible y él revira:

- A mi no me importan sus otros hijos ni sus familias pobres. Yo lo iba a ver casi diario por diez minutos... ¡Diez minutos! ¿Sabes tu cuanto de mi vida es eso?...

De alguna otra mesa (ya no busco la ubicación) me llega el rumor de gente que ha vendido su alma...

- Entónces los trescientos pesos nos los dan cuando acabe el evento... pero ¿y las despensas?...

Ya no quiero escuchar.El mundo está jodido te digo mentalmente. Acercando a mis labios tu taza de café ahora tibio y después del sorbo digo en voz alta "La vida es un eterno blues del que todos hablamos y yo no puedo evitar que en tu ausencia, yo también converse de ese mismo blues que me amortaja el alma".

Gustavo Reyes Ramos. D.R.


NOSOTROS LOS SOLOS.

Nosotros los solos vagamos por la vida, callando tímidos, palabras que reinventarían a los amantes. Lastrados de cariños tristisimos y caricias desengañadas que harían llorar un blues.

Nosotros los solos, aunque comemos de pie y a deshoras, somos gente sin prisa y sin hambre. Famélicos de amores que jamás han de llegar. Sedientos de besos, vamos por la vida, anhelantes de caricias que a nosotros los solos jamás se nos darán.

Nosotros los solos, extrañamos el pasado, no por lo vivido, sino por lo amado, aunque nunca fuese correspondido. Agrietándonos a diario con la exasperante frase "Yo sé que no fue, pero ¿que tal si hubiese sido?"

Nosotros los solos vagamos por la vida desheredados de la ternura, mudos y cansados caminamos expiando silencios tan duros, que hasta la verdad más simple, callada y oculta, bajando la mirada, con pena en los ojos, nos mira pasar.

Nosotros los solos compartimos la cama con el inmenso vacío de nuestra soledad. Y olvidando el llanto, le cantamos arrullos y arropamos sus sueños y le damos abrigo entre nuestros brazos como a un ser querido, porque solo nosotros sabemos cuánto sufrimos si se llega a despertar.

Nosotros los solos somos un ejército de vicios y manías aprendidos sobre la marcha y el ejercicio de nuestra sórdida soledad.

Nosotros los solos le sonreímos a la muerte brindándole nuestra mirada más entrañable. Bien sabemos que, cuando nos coquetee, puede ser más que un desliz.

nosotros los solos nos aburrimos de noche enamorando la luna o las nubes o a veces tan solo el humo de un cigarrillo en la profunda oscuridad . Y andamos de día murmurando "te quieros" envenenados, escuálidos y ojerosos, cansados de desdicha, hediondos de amargura,enfermos de "qué más da".

Nosotros los solos, vagamos por la tierra, desposeídos y desterrados a veces hasta de nosotros mismos, robándonos lágrimas a escondidas para mitigar la sed en las sombras, callando angustias rotas, inciertos pesares de ilusiones de ayer. Besando la cal y el salitre de los muros que sólidos y pesados nos brindan egoístas y felices, los amantes al vernos pasar.

Nosotros los solos, somos gente coherente, que viaja sin prisas y que habla despacio.

Somos una raya en el viento. Un callado silencio que no incomoda, que acompaña solemne aunque sea triste, en este sin sentido de no hacernos notar.

Nosotros los solos somos gente sin alma, que se muere de frío, que tirita de ganas de tener un cariño que fuera verdad.

Nosotros los solos nos cantamos canciones que aprendemos contándonos las llagas, cicatrizadas y abiertas, una por una, rimando en el vacío y nada más.

Nosotros los solos mendigamos cariño, desde el altivo gesto de nuestro rostro adusto. Sin hacernos ilusiones, pero deseando con toda el alma, que las migajas compasivas fueran amor en realidad.

Nosotros los solos somos almas sin alas, ilusiones sin esperanza, sal ya sin lágrimas que se apoya en más nadie, que en la lúgubre y siniestra fe a nosotros mismos.

Gustavo Reyes Ramos.D.R.



RUÉGAME SEÑORA.


Ruégame Señora.

Para que mis anhelos te busquen el sonrojo.

Ruégame Señora.

Para que mis tristezas hagan nido entre tus besos.

Ruégame Señora.

Para que mis caricias te enamoren a la orilla del desvelo.

Ruégame Oh Señora, que enamoras a este humilde pecador del desconsuelo. Porque he dejado de creer en la vida eterna de un beso enamorado.

Porque he dejado de soñar que hay una vida futura donde todo es propicio, donde nada es infortunio, donde no se sufre ni se llora y los enamorados se pertenecen como ramas a los árboles, como aguas a los ríos, como las risas y las campanas a los sonidos al viento.

Ruégame Señora.

Porque he pecado de realidad y de cordura. Porque mis ojos han llorado todos los parajes salobres de la tierra y mis ojos están áridos de desencanto y desamor.

Ruégame Señora.

Porque quiero ser tuyo en cuerpo mente y alma, pero la precaución me condena, me pierde y me detiene.

Ruégame Señora.

Para que este pecador de lo concreto pueda volver a creer en el brillo de tus ojos, en la promesa de mi nombre acariciado por tus labios y en la promesa de un sueño viviendo juntos en la realidad del futuro.

Amén.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.