Si solo me restará un día de vida quizá cometería más locuras,quizá me volvería más cínico. O tal vez, volvería a hacer las mismas travesuras que de niño me gustaban tanto. Comería todos los pasteles, me comería el helado tan rápido que se me helaría el cerebro como en aquellos años y brincaría en todos los charcos. Si solo me restara un día de vida, lo aprovecharía despertándome al alba con la inquietud y la curiosidad de un niño que espera la noche de reyes para abrir sus regalos, y no esperaría a que salga el sol para ir a tocar los timbres de todos los vecinos y jugaría a deshoras y amaría con ganas y bromearía, sin tiempo para detenerme a pensar cuantos minutos e dilapidado de vida y daría consejos tontos y curaría heridas con besos y tristezas con abrazos; justo y como lo hago ahora, viviría en el desparpajo total, como lo he hecho hasta hoy. Y jugaría bromas, y espantaría a más gente (puesto que me encanta pegar y que me peguen buenos sustos). Y me volvería aniñado y haría berrinches y pataletas. Y soltaría todas las tristezas que me hielan el alma y perdonaría todas las traiciones, tal y como hasta hoy lo he hecho.
Y al final de ese día, y solo hasta el final, me pondría ya serio, pediría los brazos de la mujer que me ama y en ellos me haría una barca que me meciera mientras paso a la otra orilla, que me llevara amante y cuidadosa, mientras se acaba el día, mientras se extinguen las luces, mientras trasciende mi vida.
Gustavo Reyes Ramos. D.R.

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