domingo, 19 de junio de 2016

A VECES...

A veces me siento tan triste, tan solo, tan vacío, tan sin nadie y hasta tan sin mi.

A veces, cuando miro la luna en el ventanal y veo como ilumina esta casa, tan grande, tan triste, tan sola y hago comparaciones de ella con mi corazón, juro, de verdad te juro, que siento correr una lágrima por mi mejilla y lo peor es que no sé si es por la casa, por mi, o por no sé que nostalgia que me inunda el recuerdo, los ojos... ¡El alma!.

A veces, en las noches, me salgo al jardín y les hablo a las rosas y a todas mis plantas y puedo asegurar que me entienden y me oyen y que no son mezquinas con sus sentimientos, pues ellas, mis flores se entregan a mi, y se perfuman y florecen a cambio de unos cuantos mimos. ¡Cuanta y cuan diametral diferencia con los que se supone son mis hermanos!

A veces oigo mi propia alma aullar por los pasillos buscándome a tientas (es ciega la pobre) o buscando a alguien que le pueda hacer o decir un cariño es tan sensible, voluble e ingrata, que al no encontrar respuesta, se vuelve torva y agreste y araña las paredes y se ríe irónica a carcajadas burdas y espantosas de si misma ocultando su tristeza.

A veces, en las noches, me miro al espejo y anhelo y ruego como un niño a la noche, pidiendo siempre el mismo deseo "¡Como me gustaría estar vivo de nuevo!, aunque fuese solo un día, aunque fuese igual que ahora, siempre invisible a los demás, siempre muerto para todos, excepto para mi mismo".

Gustavo Reyes Ramos. D.R.




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