En La casa callada solo el ruido del reloj de piso de la sala hace notar que no esta sola, nosotros estamos rendidos en el completo silencio de la casa después de amarnos salvajemente (mi esposa tiene a veces unas noches en que parece que es otra). Y mientras ella duerme plácidamente, el insomnio se hace presente en mi, dando paso al juego de supuestos que hace mi imaginación.
La luz de la luna se cuela de a poquitos entre las espesas nubes por la ventana y hace con esos momentos de iluminación, que mi imaginación se desborde. Me parece ver a una persona que se esconde en una de las columnas de la recamara. una persona anormalmente alta y hasta me parece ver al fijar en ella la mirada que esta respirando y tiene unos ojos brillantes y rojos que no quita de mi. Me mira, sonriendo de una forma brutalmente maligna, como si supiera algo terrible que yo desconozco. Su sonrisa es anormalmente insana y burlona. Empieza a ser tan real, que me produce una sensación enorme de inquietud y desasosiego, al grado de hacerme sentir nauseas. Así que para evitar el malestar, concentro más mi atención, me estriego los ojos y vuelvo a mirar.
Y claro no es nada. Ahí solo esta la esquina del ropero, con sus puntas alargadas talladas en forma de torre y que uso para colocar sacos o camisas de momento y el destello de los ojos son el reflejo de una cinta que tiene una caja de regalo envuelta en papel blanco, que guarde así sobre el mismo ropero, pero que al quedar esquinada parece dar la idea de un par de ojos que me miran y parte del papel hace la espeluznante sonrisa. ¿Y que es eso de más allá? Sigo adivinando y encontrando formas carente de sueño. Es un ejercicio perverso con el cual desbordo mi imaginación y después avergüenzo a mi cerebro al demostrarme lo que en realidad es. Auto punitivo, sí, pero me sirve para desarrollar ideas o escenarios que luego plasmo en el papel.
Me dejo llevar por ese miedo, el que realmente es angustiante porque no proviene de ninguna fuente externa. Proviene de miles de años de evolución fracasada, donde impera la entidad más primitiva y animal de cada uno, aderezada de lo más febril de mi imaginación. Y justo en el punto en que empieza a cegarme, me obligo a regresar aclarando mi mente, dominando con lógica y sensatez el miedo demencial...
¿Que es esa figura que se agazapa a un lado de la cama, del lado de ella y que se muestra enorme?... (Jajajaja me río nervioso para mis adentros) esta vez si que me la he puesto difícil porque a pesar de estar relativamente cerca y de no haber fijado en ello mi mirada, veo como se mueve acechante en la orilla de la cama. Hasta podría decir que eso pareciera una extensión del cuerpo de mi mujer; casi como si fueran uno el cuerpo de ella y lo que se mueve suave a la orilla de la cama. mi imaginación le ha adjudicado unas garras grandes, afiladas, enormes y oscuras que se aferran a su buro saliendo de debajo de las mantas. También mi imaginación, me hace escuchar el siseo de su respiración (como si tuviera asma) mezclado con un gruñido profundo que se oye por lo bajo.
Mi imaginación esta vez si que ha ido lejos, pues veo dos ojos enormes, enrojecidos y vidriosos repletos de venas que me miran fijamente. Incluso ahora puedo ver, (se ha despejado un poco el cielo de esas nubes tan densas y negras y a la luz de la luna que es llena y entra completamente a la habitación) puedo ver su pelo erizado, su hocico gigantesco y arriscado y como sube despacio a la cama y eso me tranquiliza un poco, pues si fuera real ya mi mujer se hubiera levantado al sentir el enorme peso de esta "cosa" que me sigue mirando de una manera perturbadora, acechante, cazadora, haciéndome sentir como conejito delante de su matador.
De momento algo hay que me espanta tanto que me ha paralizado de miedo y es que, al acabar de subir, esto... la cosa... este producto de mi imaginación, he visto rodar hacia afuera de la cama en dirección al piso, algo así como la piel y la cabellera oscura de mi esposa, como si un traje vacío, sucio, viejo y lleno de sangre cayera pesadamente mientras esto avanza despacio hacia mi. Sin quitarme ni por un segundo, sus enormes ojos inyectados. Siento su aliento a carne muerta darme de lleno en la cara denso y asqueroso... y veo sus gigantescos dientes afilados tan cerca de mi. Mi imaginación esta vez se pulió pienso mientras siento la fría y espesa baba cayendo sobre mi pecho.
Porque es mi imaginación ¿Verdad?... ¿VERDAD?...
Gustavo Reyes Ramos D.R.






