lunes, 27 de junio de 2016

juego mental de insomnio.


En La casa callada solo el ruido del reloj de piso de la sala hace notar que no esta sola, nosotros estamos rendidos en el completo silencio de la casa después de amarnos salvajemente (mi esposa tiene a veces unas noches en que parece que es otra). Y mientras ella duerme plácidamente, el insomnio se hace presente en mi, dando paso al juego de supuestos que hace mi imaginación.

La luz de la luna se cuela de a poquitos entre las espesas nubes por la ventana y hace con esos momentos de iluminación, que mi imaginación se desborde. Me parece ver a una persona que se esconde en una de las columnas de la recamara. una persona anormalmente alta y hasta me parece ver al fijar en ella la mirada que esta respirando y tiene unos ojos brillantes y rojos que no quita de mi. Me mira, sonriendo de una forma brutalmente maligna, como si supiera algo terrible que yo desconozco. Su sonrisa es anormalmente insana y burlona. Empieza a ser tan real, que me produce una sensación enorme de inquietud y desasosiego, al grado de hacerme sentir nauseas. Así que para evitar el malestar, concentro más mi atención, me estriego los ojos y vuelvo a mirar.

Y claro no es nada. Ahí solo esta la esquina del ropero, con sus puntas alargadas talladas en forma de torre y que uso para colocar sacos o camisas de momento y el destello de los ojos son el reflejo de una cinta que tiene una caja de regalo envuelta en papel blanco, que guarde así sobre el mismo ropero, pero que al quedar esquinada parece dar la idea de un par de ojos que me miran y parte del papel hace la espeluznante sonrisa. ¿Y que es eso de más allá? Sigo adivinando y encontrando formas carente de sueño. Es un ejercicio perverso con el cual desbordo mi imaginación y después avergüenzo a mi cerebro al demostrarme lo que en realidad es. Auto punitivo, sí, pero me sirve para desarrollar ideas o escenarios que luego plasmo en el papel. 

Me dejo llevar por ese miedo, el que realmente es angustiante porque no proviene de ninguna fuente externa. Proviene de miles de años de evolución fracasada, donde impera la entidad más primitiva y animal de cada uno, aderezada de lo más febril de mi imaginación. Y justo en el punto en que empieza a cegarme, me obligo a regresar aclarando mi mente, dominando con lógica y sensatez el miedo demencial...

¿Que es esa figura que se agazapa a un lado de la cama, del lado de ella y que se muestra enorme?... (Jajajaja me río nervioso para mis adentros) esta vez si que me la he puesto difícil porque a pesar de estar relativamente cerca y de no haber fijado en ello mi mirada, veo como se mueve acechante en la orilla de la cama. Hasta podría decir que eso pareciera una extensión del cuerpo de mi mujer; casi como si fueran uno el cuerpo de ella y lo que se mueve suave a la orilla de la cama. mi imaginación le ha adjudicado unas garras grandes, afiladas, enormes y oscuras que se aferran a su buro saliendo de debajo de las mantas. También mi imaginación, me hace escuchar el siseo de su respiración (como si tuviera asma) mezclado con un gruñido profundo que se oye por lo bajo.

Mi imaginación esta vez si que ha ido lejos, pues veo dos ojos enormes, enrojecidos y vidriosos repletos de venas que me miran fijamente. Incluso ahora puedo ver, (se ha despejado un poco el cielo de esas nubes tan densas y negras y a la luz de la luna que es llena y entra completamente a la habitación) puedo ver su pelo erizado, su hocico gigantesco y arriscado y como sube despacio a la cama y eso me tranquiliza un poco, pues si fuera real ya mi mujer se hubiera levantado al sentir el enorme peso de esta "cosa" que me sigue mirando de una manera perturbadora, acechante, cazadora, haciéndome sentir como conejito delante de su matador.

De momento algo hay que me espanta tanto que me ha paralizado de miedo y es que, al acabar de subir, esto... la cosa... este producto de mi imaginación, he visto rodar hacia afuera de la cama en dirección al piso, algo así como la piel y la cabellera oscura de mi esposa, como si un traje vacío, sucio, viejo y lleno de sangre cayera pesadamente mientras esto avanza despacio hacia mi. Sin quitarme ni por un segundo, sus enormes ojos inyectados. Siento su aliento a carne muerta darme de lleno en la cara denso y asqueroso... y veo sus gigantescos dientes afilados tan cerca de mi. Mi imaginación esta vez se pulió pienso mientras siento la fría y espesa baba cayendo sobre mi pecho.

Porque es mi imaginación ¿Verdad?... ¿VERDAD?...


Gustavo Reyes Ramos D.R. 


martes, 21 de junio de 2016

¡Quiero volverme idiota o loco o ambas dios!

Necesito tanto volverme loco... ¡Por favor! No puedo soportar consciente la miseria del alma humana. Me duele su desamor y su forma de mostrarse ajeno e ignorante a todo. Me duele su incuria, su abandono, me duele su insensatez, me duele su apatía. Y sólo volviéndome loco creo poder soportar tal dolor ante sus actos de estulticia. Porque sólo así es que podría consecuentar que teniendo inteligencia no la ocupe, sólo loco o idiota es que puede dejarme de importar el atentado que comete contra sí mismo al no respetar a sus semejantes, a sus hermanos animales ni a su madre la tierra.

¿Como es posible que estúpidamente pueda creer que sus hechos no le alcanzarán en un mundo que es redondo, pequeño y único?

¿Como es posible que mienta, y robe a sus iguales, cuando le eligen para un cargo de confianza mostrando un mísero egoísmo del que hace gala?

¿Como es posible que sus actos reales puedan superar con creces las más aterradoras y distorsionadas de sus pesadillas?

¿Porque es tan infra-bestial y tiene tan mala entraña que no puede respetar ni a los cachorros de su propia especie?

¿Como es posible que en medio de tantas comunicaciones se estén muriendo de soledad y de abandono y que las mismas personas, en lugar de actuar y dar su apoyo real, sólo sean mudos y quietos testigos del pecado de la morbosidad?

¿Como es posible que la mayoría sean desposeídos y los menos a pesar de ser sus hermanos, sean poderosos indolentes y egoístas?

¿Como es factible que haya personas inteligentes que hayan caído en las garras del egoísmo, de la doble moral y su falso discurso y vivan inmersos en la apatía total?

Por eso te pido dios,o dioses si es que existen, que me quiten la razón para poder comprenderlo... Porque sólo un loco o un idiota, puede entender a su semejante.

Gustavo Reyes Ramos D.R.



domingo, 19 de junio de 2016

A VECES...

A veces me siento tan triste, tan solo, tan vacío, tan sin nadie y hasta tan sin mi.

A veces, cuando miro la luna en el ventanal y veo como ilumina esta casa, tan grande, tan triste, tan sola y hago comparaciones de ella con mi corazón, juro, de verdad te juro, que siento correr una lágrima por mi mejilla y lo peor es que no sé si es por la casa, por mi, o por no sé que nostalgia que me inunda el recuerdo, los ojos... ¡El alma!.

A veces, en las noches, me salgo al jardín y les hablo a las rosas y a todas mis plantas y puedo asegurar que me entienden y me oyen y que no son mezquinas con sus sentimientos, pues ellas, mis flores se entregan a mi, y se perfuman y florecen a cambio de unos cuantos mimos. ¡Cuanta y cuan diametral diferencia con los que se supone son mis hermanos!

A veces oigo mi propia alma aullar por los pasillos buscándome a tientas (es ciega la pobre) o buscando a alguien que le pueda hacer o decir un cariño es tan sensible, voluble e ingrata, que al no encontrar respuesta, se vuelve torva y agreste y araña las paredes y se ríe irónica a carcajadas burdas y espantosas de si misma ocultando su tristeza.

A veces, en las noches, me miro al espejo y anhelo y ruego como un niño a la noche, pidiendo siempre el mismo deseo "¡Como me gustaría estar vivo de nuevo!, aunque fuese solo un día, aunque fuese igual que ahora, siempre invisible a los demás, siempre muerto para todos, excepto para mi mismo".

Gustavo Reyes Ramos. D.R.




sábado, 11 de junio de 2016

A MIS HERMANOS.

Ellos son mis hermanos, 
no de algo tan simple y burdo como la sangre, 
ellos son mis hermanos de sueños, 
de risas, de música, 
de cantos,  
de fiestas, y de poesías.
Y a veces, 
aunque yo sea de la inmensidad del mar, 
todo rumba y algarabía,
de su silente y comprensiva compañía, 
se desprende una lágrima, 
que silenciosa y explícita, 
rueda con mi nombre por sus mejillas, 
aunque yo a los ojos de otros, 
viva feliz en la fiesta, 
derrochando galanura y siniestras alegrías.

Gustavo Reyes Ramos D.R.


miércoles, 8 de junio de 2016

Su alma está hecha de nubes, de dulces de colores, de sueños, de risas y sonrisas porque si, por que, al día de hoy ¿Para que amargarse?. 
Sus ojos sólo reflejan cosas buenas y amables (nada de lo vivido), lo mismo que su sonrisa, que cuando se despliega, es de un candor y una ternura que te avasalla. 
Ella, tan delicada y menudita, tan amable y tan optimista, tan dulce y tan deslumbrante, ha estado en el peor de los infiernos y por la peor de las razones; pero con un aplomo que haría palidecer al guerrero más rudo. 
Ha vivido ahí, deseando secretamente encontrar un día, un motivo, una razón que la hiciera desear salir de la iniquidad. 
Tiempos pasados en los que ya su memoria no desea tener estación. Tiempos en que calmaba su angustia anhelando el motivo que deshiciera la coraza de piedra con que había protegido lo poco de valor que guardaba aún en su corazón. La esperanza que diera olvido a todo su pesar, su sufrimiento y su dolor...Entonces llegué yo.

Gustavo Reyes Ramos.


lunes, 6 de junio de 2016

Un día de vida es tan poca cosa.

Si solo me restará un día de vida quizá cometería más locuras,quizá me volvería más cínico. O tal vez, volvería a hacer las mismas travesuras que de niño me gustaban tanto. Comería todos los pasteles, me comería el helado tan rápido que se me helaría el cerebro como en aquellos años y brincaría en todos los charcos. Si solo me restara un día de vida, lo aprovecharía despertándome al alba con la inquietud y la curiosidad de un niño que espera la noche de reyes para abrir sus regalos, y no esperaría a que salga el sol para ir a tocar los timbres de todos los vecinos y jugaría a deshoras y amaría con ganas y bromearía, sin tiempo para detenerme a pensar cuantos minutos e dilapidado de vida y daría consejos tontos y curaría heridas con besos y tristezas con abrazos; justo y como lo hago ahora, viviría en el desparpajo total, como lo he hecho hasta hoy. Y jugaría bromas, y espantaría a más gente (puesto que me encanta pegar y que me peguen buenos sustos). Y me volvería aniñado y haría berrinches y pataletas. Y soltaría todas las tristezas que me hielan el alma y perdonaría todas las traiciones, tal y como hasta hoy lo he hecho.

Y al final de ese día, y solo hasta el final, me pondría ya serio, pediría los brazos de la mujer que me ama y en ellos me haría una barca que me meciera mientras paso a la otra orilla, que me llevara amante y cuidadosa, mientras se acaba el día, mientras se extinguen las luces, mientras trasciende mi vida.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.


domingo, 5 de junio de 2016

YENDO A TI.
Estoy harto de buscar senderos para soñarte.
Cada vez se hacen más raros y difíciles los instantes en que puedo regresar a ti.
¿Quien manda en el tiempo?
¿Quien hace las reglas y forja los instantes?
¿Porque de mis anhelos no se apiada?
¿Estará ciego y sordo?
Ojalá y sopesara como yo todo lo que fuimos en ese breve lapso en que amantes nos miramos y reconciliara para mi, el pasado con el futuro para dejarme ir en el presente a tu lado.
Siempre quiero ir hacia ti.
Eres la meta de mi día. Y día a día, mis sueños se calcinan por volver a ser contigo y para ti.
Busco un cariño a tientas en la oscuridad para fumarlo en esta inmensa negrura que es la vida sin tu presencia; mientras sigo pensando que cada paso que he dado, me acerca aunque de una forma exasperantemente larga, mediante un inmenso rodeo, a tu lado.
Así es la maldita condena de esta vida. Una sombra, un instante duran la eternidad del mundo, convirtiéndose en una vida de espera, en una eternidad de condena, pero a pesar de ser así, es seguro que hacia ti camino cada día que se extingue.  A  tus brazos voy en cada sueño que de noche te hago mía. Y sé, que cuando no haya más, mi corazón donde la tierra es tan dura de tan agreste y mi memoria, donde los cielos son tan azules y tan limpios, serán de vuelta el único hogar en que yo te ame nuevamente, el único lugar, donde yo te viva eternamente.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.


sábado, 4 de junio de 2016

Pensando en vos. Pensando en ti.


El sonido de la lluvia arrea taciturno los recuerdos como agua en el caudal manso de la memoria.

En la ventana miro como esas gotas de lluvia van lentas, cansinas, como los recuerdos de quien quiere olvidar despacio y sin apuro. Como mis pensamientos de ti que te extrañan sin prisas.

Empujándose se mueven las letras que te dedico, chocando unas con otras al escribirte, igual a la forma en que caminan las vacas en la llanura ante el inevitable aguacero dulce de un temporal tranquilo y sin truenos.

Por eso trato de escribirte a diario, para que tu presencia no deje de caminar en mi, para que el golpe de sus pezuñas, de sus mugidos y de sus cencerros, esté siempre presente en mi alma, no como animal atado, sino como presencia viva que se mueve por lo bajo, mezclada con el sonido de la lluvia en mis adentros.

Recordándote diario vivo arreando tus ojos y tus palabras amorosas entre el trote cotidiano y los silbidos del convivir con otros vaqueros, que arrean meditabundos sus propias querencias ausentes.

Te escribo a diario, aunque ya no recuerde hace cuantas vidas que lo hago. Es mi modo de estar siempre presente en tu memoria, aunque tu no me leas, aunque tus ojos ya no me vean, ni tus lágrimas piensen en mi.

Te escribo a diario arreando la memoria de ti por la llanura descampada de mis contadas pasiones; recordándote entre frases, platicándote entre chasquidos de mi boca, entre el humo del cigarro y entre golpes de tecla, platicándote entre el arreo del diario acontecer, a ti, del único beso que no has dado, a ti, que los has dado todos. Para que estén siempre pendientes tus labios de la promesa de ser recibido. Para que siempre esté tu boca anhelante, expectante. Para que a ese beso, no lo nombre lo vivido. Para que no sea llama del olvido, ni leño del pasado.

Pienso que solo te voy a escribir una eternidad más y que solo voy a arrear esta nostalgia que me provoca el evocarte entre la lluvia, un par de eternidades más. Tal vez de esta eternidad en ocho me canse y al darme cuenta de lo fútil que es, te deje de escribir. Dando así, reposo eterno a los auténticos lamentos de mi alma que aúllan a las calles tu nombre. El nombre de mi bien más amado. Callando por siempre los lamentos con los que busque aquellos tus olores que nunca tuve, pero que llevo guardados en mi memoria con el encanto de un perfume elegante, erótico, sensual y floral Para que si tus ojos me olvidan, sea la lluvia y el arreo de mis recuerdos lo que mantenga viva esta enorme falta de amarnos que tenemos.

Gustavo Reyes Ramos. D. R.