Este es un adiós conminado, obligado,
desvalido que camina al cadalso
con el triste ruego de tu nombre entre sus labios.
Este es un adiós, roto, desarmado
sin angustias porque ya se las bebió todas,
aniquilado en esta bitácora
ininterrumpida de tu ausencia.
Este es un adiós torvo,
arisco y agreste, puesto que
sabiendo que va a morir crucificado
en esta surrealista crónica de mi
sentida despedida,
de tu indiferente abandono,
se resiste y lucha, con miedo,
por miedo a morir,
triste adiós...pobre adiós.
Gustavo Reyes Ramos 26/02/2014.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
¡Gracias por tu comentario!