domingo, 23 de marzo de 2014

BREVE HISTORIA DE UN 
SUEÑO ENAMORADO.

Cada noche, el sembraba de 

besos su camino, para que su 

paso fuera suave y sin ningún 

abrojo que interrumpiere la 

delicia que era su caminar 

desnuda, desde la mente de 

ella al sueño de el, que era 

donde consumaban sus 

anhelos. Y al llegar, el besaba 

cada rincón de su cuerpo, 

cada esquina de su ser, con 

paciencia, con deleite, aunque 

también con incertidumbre. 

Ella pensaba que solo era una 

caricia previa, pero la verdad, 

él lo hacía también, para 

confirmar que estuviese 

completa, porque la veía tan 

dulce, efímera y delicada, que  

tenía miedo de que cada 

noche, cuando llegase a su 

lecho; llegara inconclusa. 

Cada tarde también, previo al 

sueño, claro, pero en el  sueño 

mismo, el viajaba de los 

bosques a los mares, para 

charlar con hadas y duendes, 

sirenas y tritones, y así tener 

historias frescas, que cantarle 

en dulces arrullos mientras la 

dormía entre sus brazos, 

aspirando el olor a espuma de 

sal de su cuerpo y paladeando 

sus besos con sabor a 

caramelos de uva.

Cada noche, el hacía lo 

mismo, cita tras cita, sueño 

tras sueño, hasta que un día, 

no se si desmemoriada o 

aburrida, ella se olvido de 

soñar con el. Esa noche, el 

murió de insomnio. "Sincope 

de abandono" decía el parte 

médico; aunque yo siempre 

supe la verdad, porque el me 

dijo, que ella se había 

despedido sin explicaciones 

en un furtivo y frío abrazo un 

sueño antes y que a partir de 

ahí, él solo sentía ganas de 

tirarse a la conciencia.

Gustavo Reyes Ramos 09/03/2014.


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