BREVE HISTORIA DE UN
SUEÑO ENAMORADO.
Cada noche, el sembraba de
besos su camino, para que su
paso fuera suave y sin ningún
abrojo que interrumpiere la
delicia que era su caminar
desnuda, desde la mente de
ella al sueño de el, que era
donde consumaban sus
anhelos. Y al llegar, el besaba
cada rincón de su cuerpo,
cada esquina de su ser, con
paciencia, con deleite, aunque
también con incertidumbre.
Ella pensaba que solo era una
caricia previa, pero la verdad,
él lo hacía también, para
confirmar que estuviese
completa, porque la veía tan
dulce, efímera y delicada, que
tenía miedo de que cada
noche, cuando llegase a su
lecho; llegara inconclusa.
Cada tarde también, previo al
sueño, claro, pero en el sueño
mismo, el viajaba de los
bosques a los mares, para
charlar con hadas y duendes,
sirenas y tritones, y así tener
historias frescas, que cantarle
en dulces arrullos mientras la
dormía entre sus brazos,
aspirando el olor a espuma de
sal de su cuerpo y paladeando
sus besos con sabor a
caramelos de uva.
Cada noche, el hacía lo
mismo, cita tras cita, sueño
tras sueño, hasta que un día,
no se si desmemoriada o
aburrida, ella se olvido de
soñar con el. Esa noche, el
murió de insomnio. "Sincope
de abandono" decía el parte
médico; aunque yo siempre
supe la verdad, porque el me
dijo, que ella se había
despedido sin explicaciones
en un furtivo y frío abrazo un
sueño antes y que a partir de
ahí, él solo sentía ganas de
tirarse a la conciencia.
Gustavo Reyes Ramos 09/03/2014.

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