jueves, 28 de septiembre de 2017

¡Bendito seas!


Cuando la vida se vive en la mediocridad, sin canción, ni aventura, sin ternura, ni pasión, ni locura, es malo. Y si se vive en solitario, con miedo a todo y sin ilusiones es todavía peor. Y eso se pone mas turbio si, aparte de lo mencionado, esa persona que vive esa vida, esta enferma y vieja. Y si agregamos que no sabe hacer nada, y que es una persona con preparación académica, que por azares del destino no puede comprobar ni hacerla valer, pero que por esa misma cultura esta consciente de todas sus limitaciones y discapacidades ¡uff!...
Ha de ser terrible cuando lo único que te abraza es el miedo y el único familiar y compañero con el que cuentas es el dinero y eso por actos fortuitos; pues este hombre (por lo que pude saber de él), tuvo siempre muy baja autoestima para emprender algo por si solo. Fue y es cobarde para muchas cosas, inclusive, para decidir un fin por su propia mano. Aunque también (porque no decirlo) muy sensible. Si hubiese tenido valor y un poco menos de cinismo y desilucion en la vida, tal vez hubiera sido escritor.
Un ser como éste, debe sentir un vacío tan angustioso, como para urgirlo a solicitar que le adelanten las vísperas de lo que va a suceder naturalmente mañana o pasado.
Llegué temprano y husmeé un poco por la casa, mirando fotografías contadas y viejisimas, aunque ninguna de él.
Esperando el momento propicio, pasé algunas horas leyendo varios de sus cuadernillos de notas a mano. Ahí fue donde me enteré del porque de su auto reclusión, de sus dudas y miedos, de su ser tierno, candoroso, amante y a la vez cínico y despiadadamente feroz consigo mismo. Igual que de las pruebas que puso a las contadas mujeres a las que se atrevió a cortejar y que lamentablemente ninguna de ellas pasó, para poder convertirse en su compañera y en breves momentos, en su única heredera.
Si yo tuviese un alma que él pudiera conmover, si no te hubiera dado toda mi ternura y si no la hubieras destazado, hasta me sentiría mal por hacer aquello para lo que me contrato. Y aún así, siento algo de pena por éste miserable. Está viejo, enfermo y se pudre con un espíritu maravilloso que es suyo y que pudo ser grandioso. En una cárcel de abandono que el mismo fabricó y de la cual, al día de hoy; se arrepiente, pero como la mujer-lagarto de las ferias pueblerinas de antaño "ya es demasiado tarde".
Tan asqueado de falsedad, tan lleno de incomprensión, como de soledad, vive aislado del mundo en medio de una ciudad de millones que están igual que él de desahuciados en su aislamiento vergonzoso; pero que al vivir inmersos en la bendita inconsciencia del hongo, no se han dado cuenta del ciclo que ejecutan: nacen, crecen, esporulan y mueren. La mayoría, en el "ínter" socializan; algunos en forma real, otros en forma virtual, en las mal llamadas "redes sociales". Pero todos forman de manera inconsciente, parte del escalón del destino con rumbo a la incertidumbre del futuro.
Conocerlo me ha puesto de alguna forma introspectivo, pues al igual que él, yo no se hacer nada y me refiero a nada honesto, nada de lo que yo pudiera ufanarme con la cara y la voz en alto. Únicamente tengo el "oficio" por el que estoy maldito... o bendito. Como siempre te dije ¿quien lo sabe?. Mediante la filosofía Zen, he aprendido a aceptar lo que soy y lo que hago, aquello para lo que nací con dotes naturales; pero se bien que no puedo estar orgulloso de ello. Ya sabes lo que siempre te dije: "Los malos somos un mal necesario para hacer el trabajo sucio, ese que mancha las manos y la imagen. Tu sabes, todos quisiéramos usar el sombrero blanco del vaquero bueno y apuesto, pero sin Apaches, no habría película".
Muchos vivimos sin conciencia real del tiempo. No nos damos cuenta de que envejecemos hasta que una mañana, te despierta un achaque y en tu boca empiezas a masticar el sabor acre de la frase "a mi nunca me había pasado".
A todos nos gusta disfrutar antes de la lluvia. Me refiero a que muchos disfrutamos del sol de la juventud, de la bendición que es la familia, el hogar y todo lo demás, sin ponernos a pensar en el día de mañana, cuando cae el aguacero, cuando empiezan el dolor y las despedidas de aquellos a quienes amas. Cuando se presenta la enfermedad. Cuando se juntan los años y las soledades... cuando, por mas despiadado que seas o te hayas vuelto, de los ojos te ruedan las lágrimas inoportunas porque sí y las tristezas se te desbocan a deshoras.
Estoy cantando una última canción para ti y para mi en mi cabeza. Me hace mucho mal pensarte como te pienso. Y sin embargo recurro a ti, como vacuna contra este empezar a conmoverme por alguien. Y la canto con todo el amor, la tristeza y la añoranza que jamás nadie te podrá dar, por la simple razón de que (fuera ya de toda pose), te la canta alguien que nunca amó a nadie, más que a ti.
Camino rumbo a la alcoba apesadumbrado. Voy despacio, repitiendome que no es mas, que otro trabajo fácil y muy bien remunerado, pero reservado para un especialista; alejando con esto, la idea de retratarme en él. Estoy sudando como nunca antes "a mi nunca me había pasado"... Lo sé.
Y sé también, que contigo llegue tarde al amor. También "nunca me había pasado" o tal vez si, pero jamás le di oportunidad. Pensaba...creía que era una inutilidad, un lastre y después, cuando me pasó... Te idealice ¿sabes? Creí ver en ti, la reencarnación de un diosa. De un amor perdido en vidas pasadas y ya ves, resultaste ser tan mundana como cualquiera... En fin. He llegado al final del largo, larguísimo pasillo. Estoy frente a la puerta de su habitación. Apesadumbrado, triste y sudando como si fuese yo mismo el del "trabajito". Nunca antes me habían pesado tanto los años, tu recuerdo, mi tristeza, tu herencia de silencio, de soledad y de abandono porque si... Creo que este será uno de los últimos o tal vez el último trabajo que haga. Hay que dar paso a las nuevas generaciones; aunque sean brutales, sin escuela, ni estilo, ni paciencia y refinamiento... A final de cuentas, representan lo actual. Es el fin de una era. En su debida dimensión son lo que el francotirador fue, a la época romántica de los pistoleros y los duelos cara a cara.
De repente, se me cargaron muchas cosas como "nunca antes me había pasado".
Quizá retome mi carrera teologal o tal vez, me dedique a subsistir dando cursos de oficios por el internet. Todo, menos esto. Si un perro de pelea puede redimirse, ¿porque yo no? "Porque yo no soy un perro, soy un humano inmoral, malicioso y sin nobleza en el corazón" responde de inmediato una voz en mi cabeza.
Giro el pomo de la puerta despacio y empujo lentamente la pesada doble puerta de caoba.
El hombre me mira recostado en su cama con ojos dulces. No puede hablar por la máscara de oxígeno, pero no tiene necesidad de hacerlo. Sin que yo lo diga y sin que el lo pregunte, reconocemos nuestros protagónicos en esta pequeña y breve escena de desenlace. Solo con miradas de por medio, sin las molestas y enredosas palabras, te asombraría saber cuantos hombres cercanos al final, se expresan tan bien en el silencio. 

Sabe que ha llegado el momento y sabe también, que como profesional que soy, no me llevaré nada de sus pertenencias. Sólo su vida y algún objeto pequeño pero medianamente caro, para justificar su deceso por "robo". Es increíble la importancia que cobran algunas cosas banales en la hora última.
La casa es enorme y solitaria, y a pesar de encontrarse suspendida en este instante previo a la muerte, es apacible; templada en el silencio tranquilo que acompaña el ruido blanco y constante del siseo del tanque de oxígeno que se encuentra a su lado.
Abro mi maletín encima de su enorme cama y mientras coloco el silenciador, me doy cuenta que musita algo ( muchas veces sucede que cuando te contratan para si mismos se arrepienten justo en el momento).
Miro sus ojos pero no encuentro el miedo de siempre para cebarme y eso me incita a acercarme con curiosidad para escuchar sus susurros balbuceantes:
- ¡Bendito seas! - articula al fin a mi oído. Mi mirada fría y depredadora desaparece. Esto es algo más, que se agrega a la colección de los "nunca me había pasado" que se han suscitado en éste inusual "laburo".
Destrabo el silenciador y para agradecer su bendición, saco una solución de suero con ketamina para inducirlo al sueño profundo. Cuando percibo que duerme profundamente, aplico una dosis letal de pentobarbital y antes de corroborar su partida, musito un "Gracias", con un respeto tan reverente que me extraña de mi mismo.
Coloco el silenciador y descargo dos tiros en el muerto pecho, para evitar el análisis forense (¡Bendito México!).
Se fue tranquilo; y yo, apesadumbrado, abandono la enorme casa. Tomo de la mesilla del recibidor la figurilla de lladró de colección que puse ahí desde que llegue y suspiro sin mirar atrás. Ya no hace falta.
Salgo despacio arrastrando los pies. Con un sentimiento acuoso que me inunda los ojos y un cansancio completamente anormal. Siento las manos hinchadas y doloridas. Me estoy volviendo viejo y soy un inútil; feo y sólo, si, como él, pero al menos yo, tengo la locura de esta ilusión de amor que me dejaste; pienso, mientras libero mi mano derecha del guante y me limpio con el dorso, la rabia que a deshoras se me escurre por los párpados.
Gustavo Reyes Ramos. D.R.

B.B. King - The thrill is gone



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