Era un fanático religioso tan obsesionado con demostrar que el diablo y el infierno eran reales, que se pintó de rojo, se puso cuernos y cola bajo la piel y para hacer más convincente su presentación, se implantó una pata de cabra y una de gallo y así salió a caminar de noche, entre las personas. Esperando que con el susto de su aparición, se arrepintieran sus almas pecadoras; aunque en realidad solo causaba risa por su forma de caminar deteniéndose de las paredes, como quinceañera primeriza en tacones.
Esa misma madrugada, ya de regreso a casa, sin acabar de acomodarse a los implantes, fue atropellado en la vía de alta velocidad al tratar de cruzar a pie... o podría decirse "a pata".
Gustavo Reyes Ramos D.R.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
¡Gracias por tu comentario!