jueves, 11 de agosto de 2016

Beso a contraluz.

Beso tu sombra contra el muro. Y sus labios me saben a salitre de pasión, a concreto desgastado y húmedo, a ocre y oscuridad tan profunda como la mía.

Beso tu sombra como quien besa la noche; con tiento, con cuidado, pero con mucho amor. Mientras limpio los destellos de dos lágrimas en tus ojos. Es de dicha, me dices. Y pienso en el resplandor de las estrellas y que su brillo en la noche sea a causa de una pena o una alegría¿Quien lo sabe?

Beso tu sombra durmiente, tranquila y pienso que es dulce, oscura y serena como los sueños de los muertos, pero liviana, como tu alma de niña, como la inocencia que dices que perdiste, pero que llevas escondida.

Beso tu sombra y aunque soy igual de oscuro que ella, voy detrás de la luz que de ti emana. Voy por tu calor, por tu carne, para morderla como hace el sol cuando bailas descalza y desnuda sobre tu sombra que yace complaciente, columpiando tu piececito desnudo para que no lo toque el pasto.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.


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