miércoles, 4 de mayo de 2016

SOLO TU, TU MI CIELO.

Solo tu has detenido mis noches dulces en ese número mágico y eterno. Hasta que se nos agota la vida, hasta que nos trasciende el alma y se viene el sueño entre destellos de colores presagiando el cansancio. Solo tu has detenido la noche hasta que se presenta la madrugada con su manchón blancuzco de alborada y a mi me llega el éxtasis de verte y de sentirte convertida en río caudaloso. En flujo salvaje y amoroso de poesía, que presagia en su rugido, tu placentera crecida. Agorera del desbordamiento intenso que da paso a la dicha plena, al goce extremo que pareciera te arrebata hasta la vida.
La noche ha pasado, lo mismo que tus gritos y mis agónicos quejidos.
Tu alma vuelve a su cauce dulce y manso fluyendo en el remanso de tu respiración profunda y relajada, sincopada por mis suspiros, mientras dormitando, casi inconsciente, pienso: "Más de sesenta y nueve veces he vivido o he muerto haciendo esto contigo y más de sesenta y nueve veces he renacido inmortal de entre tus largas y torneadas piernas, al calor de mis ensueños, en el rubor de tu preciosa labia, meciendo mi cabeza en el tierno vaivén de tus caderas, abanicado con el refrescante subir y bajar de tu cabello en mi regazo".

Gustavo Reyes Ramos. D.R.



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