(Vos sabés. Ya tu "sabe").
Desde el exilio del tiempo, instalado en la memoria del olvido, platico contigo aunque nunca estés. Se me hizo costumbre creo que desde que te conocí. Desde que empecé a amarte.
¿Te dije que algunas veces, contigo a mi lado; soñaba que tenía alma?
Hay tantos hombres que te adulan sin pensar, sin querer, sin sentir. Tantos que dicen que te quieren pero que en realidad sólo te desean como presea. Lo mío era eterno ¿sabes? Ninguno te amaría desde el exilio del olvido como yo; día a día, hora tras hora; desgranando los instantes que dura el fin del mundo en esta isla de desahucio que sólo pasa arena por el corazón, en lugar de recuerdos lindos y que me apaga con sus ráfagas furiosas, las pobres brasas que trató de prender con mis tristezas; para calentarme el amor que me diste y que hoy me hiela todavía.
Hay tanto cariño aún, olvidado entre nosotros, que podríamos hacer una ciudad entera, construida con bloques congelados de amantes besos desmemoriados.
Y deshabitado en el pensamiento me susurro en el alma cosas que no entiendo, que no quiero entender, pero que me calcinan desde dentro y me dejan briznas de aguacero detrás de los párpados. Y le pregunto a tu orgullo ¿Eres feliz desde que me olvidaste? Y mi memoria dolorida me replica "No sé para que le preguntas. No se acuerda de ti, y se engaña creyendo que es feliz. No sabe que es la felicidad. Nunca la ha visto" mientras se me derrumba en trozos resecos un dolor que me viene de muy adentro y al mismo tiempo de ninguna parte, pero que cimbra mi ser con angustia sobrecogedora haciéndome pensar ¿Será entonces que soy el primer no vivo, muerto de amor por una esclava insumisa?
¿Será que perdí el alma que nunca tuve cortejando a la reina de los no muertos?.
Gustavo Reyes Ramos. D.R.

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