¿Tu sabes si los muertos sueñan?
(¡A veces tengo unos sueños tan vividos!)...
¿Sabes que sucede con los sueños cuando el amor se agota o peor, cuando jamás existió?
(Aunque casi siempre estoy triste. Creo que es depresión ¡Como me gustaría sentir algo en mi reseco pecho!)
¿Sabes si los muertos aman y deliran por la nada a la que van?
(Enamorarse de nada es muy romántico, pero muy triste y doloroso).
¿Es cierto que la sonrisa de la muerte es sarcástica?
(Existimos vivos con una sonrisa muerta a cuestas. La cara hipócrita del diario creo que le llaman).
¿Es cierto que en los ojos de la muerte se mira el insondable vacío de los amantes perdidos, de los sentimientos falsos y de las ternuras nonatas?
(Hay silencios más agudos, más dolientes, más distantes, más punzantes en los ojos de los no correspondidos)
Mientras me respondes, quiero mostrarte algo; es que necesito dinero para viajar en crucero a la isla del suicidio ¿sabes?
¿Quieres comprar un corazón sin uso?
A lo mejor te interesan mis ternuras. ¡Jamás han sido usadas!
Hubo un tiempo si, pero sólo fue de fantasía, simple ensoñación sin más, o sea, en pocas palabras están nuevas y de regalo te ofrezco mi ilusión. Esa no lo vendo porqué está rota. Le cubren mil emociones todas vanas, como telarañas viejas y abandonadas. Es poco lo que queda y en trozos, que ridículamente se enamoran de una risa, a veces del destello refulgente de un pensamiento o de unos labios o unos ojos. Es vieja y necia aparte de ridícula y fea.
Con gusto te la daría si me compras el corazón, las ternuras y una caja de cariños que nunca he hecho, son toscos y algo vulgares, pero en compensación, son auténticos y llevarían todo el amor que podrían darte.
¿Que dices... Hacemos trato?
Gustavo Reyes Ramos. D.R.
Pintura de Fattah Hallah Abdel








