jueves, 28 de septiembre de 2017

¡Bendito seas!


Cuando la vida se vive en la mediocridad, sin canción, ni aventura, sin ternura, ni pasión, ni locura, es malo. Y si se vive en solitario, con miedo a todo y sin ilusiones es todavía peor. Y eso se pone mas turbio si, aparte de lo mencionado, esa persona que vive esa vida, esta enferma y vieja. Y si agregamos que no sabe hacer nada, y que es una persona con preparación académica, que por azares del destino no puede comprobar ni hacerla valer, pero que por esa misma cultura esta consciente de todas sus limitaciones y discapacidades ¡uff!...
Ha de ser terrible cuando lo único que te abraza es el miedo y el único familiar y compañero con el que cuentas es el dinero y eso por actos fortuitos; pues este hombre (por lo que pude saber de él), tuvo siempre muy baja autoestima para emprender algo por si solo. Fue y es cobarde para muchas cosas, inclusive, para decidir un fin por su propia mano. Aunque también (porque no decirlo) muy sensible. Si hubiese tenido valor y un poco menos de cinismo y desilucion en la vida, tal vez hubiera sido escritor.
Un ser como éste, debe sentir un vacío tan angustioso, como para urgirlo a solicitar que le adelanten las vísperas de lo que va a suceder naturalmente mañana o pasado.
Llegué temprano y husmeé un poco por la casa, mirando fotografías contadas y viejisimas, aunque ninguna de él.
Esperando el momento propicio, pasé algunas horas leyendo varios de sus cuadernillos de notas a mano. Ahí fue donde me enteré del porque de su auto reclusión, de sus dudas y miedos, de su ser tierno, candoroso, amante y a la vez cínico y despiadadamente feroz consigo mismo. Igual que de las pruebas que puso a las contadas mujeres a las que se atrevió a cortejar y que lamentablemente ninguna de ellas pasó, para poder convertirse en su compañera y en breves momentos, en su única heredera.
Si yo tuviese un alma que él pudiera conmover, si no te hubiera dado toda mi ternura y si no la hubieras destazado, hasta me sentiría mal por hacer aquello para lo que me contrato. Y aún así, siento algo de pena por éste miserable. Está viejo, enfermo y se pudre con un espíritu maravilloso que es suyo y que pudo ser grandioso. En una cárcel de abandono que el mismo fabricó y de la cual, al día de hoy; se arrepiente, pero como la mujer-lagarto de las ferias pueblerinas de antaño "ya es demasiado tarde".
Tan asqueado de falsedad, tan lleno de incomprensión, como de soledad, vive aislado del mundo en medio de una ciudad de millones que están igual que él de desahuciados en su aislamiento vergonzoso; pero que al vivir inmersos en la bendita inconsciencia del hongo, no se han dado cuenta del ciclo que ejecutan: nacen, crecen, esporulan y mueren. La mayoría, en el "ínter" socializan; algunos en forma real, otros en forma virtual, en las mal llamadas "redes sociales". Pero todos forman de manera inconsciente, parte del escalón del destino con rumbo a la incertidumbre del futuro.
Conocerlo me ha puesto de alguna forma introspectivo, pues al igual que él, yo no se hacer nada y me refiero a nada honesto, nada de lo que yo pudiera ufanarme con la cara y la voz en alto. Únicamente tengo el "oficio" por el que estoy maldito... o bendito. Como siempre te dije ¿quien lo sabe?. Mediante la filosofía Zen, he aprendido a aceptar lo que soy y lo que hago, aquello para lo que nací con dotes naturales; pero se bien que no puedo estar orgulloso de ello. Ya sabes lo que siempre te dije: "Los malos somos un mal necesario para hacer el trabajo sucio, ese que mancha las manos y la imagen. Tu sabes, todos quisiéramos usar el sombrero blanco del vaquero bueno y apuesto, pero sin Apaches, no habría película".
Muchos vivimos sin conciencia real del tiempo. No nos damos cuenta de que envejecemos hasta que una mañana, te despierta un achaque y en tu boca empiezas a masticar el sabor acre de la frase "a mi nunca me había pasado".
A todos nos gusta disfrutar antes de la lluvia. Me refiero a que muchos disfrutamos del sol de la juventud, de la bendición que es la familia, el hogar y todo lo demás, sin ponernos a pensar en el día de mañana, cuando cae el aguacero, cuando empiezan el dolor y las despedidas de aquellos a quienes amas. Cuando se presenta la enfermedad. Cuando se juntan los años y las soledades... cuando, por mas despiadado que seas o te hayas vuelto, de los ojos te ruedan las lágrimas inoportunas porque sí y las tristezas se te desbocan a deshoras.
Estoy cantando una última canción para ti y para mi en mi cabeza. Me hace mucho mal pensarte como te pienso. Y sin embargo recurro a ti, como vacuna contra este empezar a conmoverme por alguien. Y la canto con todo el amor, la tristeza y la añoranza que jamás nadie te podrá dar, por la simple razón de que (fuera ya de toda pose), te la canta alguien que nunca amó a nadie, más que a ti.
Camino rumbo a la alcoba apesadumbrado. Voy despacio, repitiendome que no es mas, que otro trabajo fácil y muy bien remunerado, pero reservado para un especialista; alejando con esto, la idea de retratarme en él. Estoy sudando como nunca antes "a mi nunca me había pasado"... Lo sé.
Y sé también, que contigo llegue tarde al amor. También "nunca me había pasado" o tal vez si, pero jamás le di oportunidad. Pensaba...creía que era una inutilidad, un lastre y después, cuando me pasó... Te idealice ¿sabes? Creí ver en ti, la reencarnación de un diosa. De un amor perdido en vidas pasadas y ya ves, resultaste ser tan mundana como cualquiera... En fin. He llegado al final del largo, larguísimo pasillo. Estoy frente a la puerta de su habitación. Apesadumbrado, triste y sudando como si fuese yo mismo el del "trabajito". Nunca antes me habían pesado tanto los años, tu recuerdo, mi tristeza, tu herencia de silencio, de soledad y de abandono porque si... Creo que este será uno de los últimos o tal vez el último trabajo que haga. Hay que dar paso a las nuevas generaciones; aunque sean brutales, sin escuela, ni estilo, ni paciencia y refinamiento... A final de cuentas, representan lo actual. Es el fin de una era. En su debida dimensión son lo que el francotirador fue, a la época romántica de los pistoleros y los duelos cara a cara.
De repente, se me cargaron muchas cosas como "nunca antes me había pasado".
Quizá retome mi carrera teologal o tal vez, me dedique a subsistir dando cursos de oficios por el internet. Todo, menos esto. Si un perro de pelea puede redimirse, ¿porque yo no? "Porque yo no soy un perro, soy un humano inmoral, malicioso y sin nobleza en el corazón" responde de inmediato una voz en mi cabeza.
Giro el pomo de la puerta despacio y empujo lentamente la pesada doble puerta de caoba.
El hombre me mira recostado en su cama con ojos dulces. No puede hablar por la máscara de oxígeno, pero no tiene necesidad de hacerlo. Sin que yo lo diga y sin que el lo pregunte, reconocemos nuestros protagónicos en esta pequeña y breve escena de desenlace. Solo con miradas de por medio, sin las molestas y enredosas palabras, te asombraría saber cuantos hombres cercanos al final, se expresan tan bien en el silencio. 

Sabe que ha llegado el momento y sabe también, que como profesional que soy, no me llevaré nada de sus pertenencias. Sólo su vida y algún objeto pequeño pero medianamente caro, para justificar su deceso por "robo". Es increíble la importancia que cobran algunas cosas banales en la hora última.
La casa es enorme y solitaria, y a pesar de encontrarse suspendida en este instante previo a la muerte, es apacible; templada en el silencio tranquilo que acompaña el ruido blanco y constante del siseo del tanque de oxígeno que se encuentra a su lado.
Abro mi maletín encima de su enorme cama y mientras coloco el silenciador, me doy cuenta que musita algo ( muchas veces sucede que cuando te contratan para si mismos se arrepienten justo en el momento).
Miro sus ojos pero no encuentro el miedo de siempre para cebarme y eso me incita a acercarme con curiosidad para escuchar sus susurros balbuceantes:
- ¡Bendito seas! - articula al fin a mi oído. Mi mirada fría y depredadora desaparece. Esto es algo más, que se agrega a la colección de los "nunca me había pasado" que se han suscitado en éste inusual "laburo".
Destrabo el silenciador y para agradecer su bendición, saco una solución de suero con ketamina para inducirlo al sueño profundo. Cuando percibo que duerme profundamente, aplico una dosis letal de pentobarbital y antes de corroborar su partida, musito un "Gracias", con un respeto tan reverente que me extraña de mi mismo.
Coloco el silenciador y descargo dos tiros en el muerto pecho, para evitar el análisis forense (¡Bendito México!).
Se fue tranquilo; y yo, apesadumbrado, abandono la enorme casa. Tomo de la mesilla del recibidor la figurilla de lladró de colección que puse ahí desde que llegue y suspiro sin mirar atrás. Ya no hace falta.
Salgo despacio arrastrando los pies. Con un sentimiento acuoso que me inunda los ojos y un cansancio completamente anormal. Siento las manos hinchadas y doloridas. Me estoy volviendo viejo y soy un inútil; feo y sólo, si, como él, pero al menos yo, tengo la locura de esta ilusión de amor que me dejaste; pienso, mientras libero mi mano derecha del guante y me limpio con el dorso, la rabia que a deshoras se me escurre por los párpados.
Gustavo Reyes Ramos. D.R.

B.B. King - The thrill is gone



jueves, 21 de septiembre de 2017



Los perros.

Tu lo recuerdas ¿no? O tal vez debiera mejor, preguntarte si lo conociste. Él y yo fuimos compañeros... Bueno, trabajamos en lo mismo y para el mismo patrón, pero jamás formamos pareja en el trabajo ¿Me entiendes no? (Y la verdad, ¡agradezco al universo bendito por eso!) No, por favor no me tomes a mal. Pero es que, en realidad, no lo conociste. El era un tipo realmente desagradable. Y no estoy hablando solo de su forma de respirar, de moverse, su forma de caminar... Su olor corporal y su manera de comer ¡Por dios!...
No, no lo conociste. Jamás supiste de su forma de adivinar olfativamente, donde o quien traía manzanas amarillas (su fruta favorita) hociqueando al firmamento mientras salivaba ruidosamente, anticipando el festín. Ni tampoco lo viste masticar con la boca llena y abierta con aquellos brazos de baba que hacían solidos puentes entre su boca y su corbata ancha de los setentas que siempre usó, tachoneada de lamparones de grasa a la altura de su obscena barriga cuando comía con placer algo que le gustara... De hecho, por eso y por su color de piel, su enorme tamaño y sus grandes pestañas caídas, es que al "patrón" se le ocurrió ponerle ese mote ( cosa que jamás le incómodo, creo que hasta lo disfrutaba) y ya en el campo, en el trabajo pues, el decía que le llamaban así, por atascado, por no tener límites, en cuanto a imaginar los métodos más perversos de tortura.
No, pienso y creo, que fuiste afortunado y en ningún momento tuviste la mala suerte de encontrarlo en tu camino. Con el olor a rancio de sus trajes viejos y su peste corporal a cadáver insepulto. Él decía, que era, porque, para no gastar; se surtió de ropa despojando cuerpos de sus trajes en el panteón que removieron hace años y que después instalaron ahí en San Lorenzo Tezonco; y aunque lo decía riendo, por su olor y el color tornasolado de su ropa, lo creías.
Ni jamás... ¡Nunca! Te miro con esos ojillos vivaces, pequeños, verdes y escrutadores que lanzaban destellos psicópatas por entre las grandes y tupidas pestañas de sus rosados y caídos párpados.
¿Cuantos meses han pasado desde su muerte? y el auto que manejaba ¡aun hiede a él! A esa mezcla nauseabunda entre sudor, excremento, orina y halitosis que no han sido capaces de remover, ni todos los litros de desinfectante que se le han vaciado a la unidad. En cierta forma, es, considero yo, una forma de venganza kármica instantánea. La "compañía" pudo, pese a todo lo que el "marrano" sabía e hizo por el jefe, deshacerse de él y sin embargo, su esencia persiste como maldición en el jetta que manejó casi desde sus primeras encomiendas con el entonces flamante diputado, cuando no era, ni soñaba ser, secretario de estado. Su amistad y complicidad, venía desde los tiempos en que el patrón era un suboficial de tránsito cualquiera con vocacional trunca; tiempos en que, el dedo flamígero del Señor Procurador los comisionó a los dos, entre otros tantos, para ir a joder gente allá, por donde ni siquiera había camino para que pasara dios y de donde (dicen las malas lenguas) regresaron solamente los dos, porque el "marrano" se encargó de cuidar y mantener a salvo al "licenciado" porque eran amigos y porque algún día el "licenciado" vería por él, porque eso hacen los amigos ¿no? Además, él solo sabia desaparecer gente y hacerla hablar, pero el "licenciado" era un saco de mañas y de las mas grandes y malas y eso siempre ha llevado lejos a quien lo sabe aprovechar...
¿Quien los vio partir, jamás los hubiera reconocido al regresar; con los pelos, las ropas, las caras y las manos, oscuras y tiesas, del baño de sangre de la barbarie cometida y un hedor a muerte que al "marrano" jamás se le quitó y que al licenciado se le disimulaba con el Paco Rabanne que mandaba traer en envases especiales de presentaciones tamaño familiar desde la matriz. Es horrible sí, pero la verdad es, que todos nosotros, los amaestrados, tenemos impregnado el olor dulzón y nauseabundo de la sangre que se nos adhiere a la piel desde nuestro primer "encargó".
Dicen también, que para el licenciado fue una experiencia tan traumática, que necesito varios años de terapia; pero que para el "marrano" fue como una revelación. Incluso, había quien decía, que cuando él; el "marrano" lo contaba, juraba haber caído en un éxtasis, solo semejante a las epifanías de los santos, de las cuales sabía, porque era muy católico y se afanaba en el regusto del recuerdo. Contando de memoria cada detalle de la siniestra y cruenta matanza que los habían mandado cometer y que él, el "marrano", gozó segundo a segundo con singular encanto; encontrando la piedra angular de su existencia, el Quid de su esencia. Y también es cierto, que después, por orden del licenciado, tubo que cerrar la boca pues dicho pasado, ensombrecía la cultura y la alcurnia de las que por aquel entonces trataba de hacer gala el "Señor Licenciado". Y también cierto es, que misteriosamente fueron "desapareciendo" uno a uno, aquellos que habían escuchado la historia de primera mano, quedando solo rumores inciertos, e improbables, como aquel que contaban, de que a unas semanas después de regresar del siniestro encargo, el "Señor licenciado", sintiendo que le hormigueaba el cerebro y las manos, le destrozo la boca a su abuela a punta de cachazos y que estando inconsciente la anciana señora, le metió su miembro a la boca en el paroxismo de la excitación, asfixiándola con su semen y la tremenda hemorragia. Y que, de nuevo, fue el "marrano" quien lo salvo, pues ya se había enrollado cable de luz en el pescuezo y lo fue a bajar de su banquito donde estaba subido en estado de shock, haciéndose cargo del cadáver de la venerable señora y hospitalizando al Licenciado con amigos que !e debían "favores" para que le dieran buena atención.
No, si dicen que hasta eso, cuando quería congraciarse con alguien se aplicaba, aunque eso, no le quitara su mala "nacencia". Era un sádico y un terrible enfermo sexual. Y no es que me espante ¿ves? Digo, trabajamos en lo mismo y si me ordenan torturar, pues lo hago y ya, pero a diferencia de él, yo no lo gozo, ni me regocijo como diablo maldito en ello; es más, tu supiste de todos mis esfuerzos por evitar los pleitos, por aminorar mi deuda karmática, y mi huella de carbono, soy o trato de ser vegano y el único animal que mato, caso y a veces torturo, es el humano; sin pena, si, pero siempre por trabajo y con respeto ¡Nunca por deporte o diversión!. Por eso siempre pido el perdón y la bendición de mis víctimas y trato de hacerlo lo mas rápido posible (tu sabes de que hablo) y si se trata de que parezca accidente, pues ya ves, evito la tortura adicional de lo que serían las quemaduras del incendio o la explosión, o sea, si te va a llegar, que sea "post mortem" pues para eso contamos con la bendición de peritos y equipos pobres y deficientes. En cambio el "marrano" se regodeaba en la tortura y la aplicaba con pericia y sádico placer, aunque no fuera parte del trabajo. Famosa se hizo su frase infausta de "No se humille, no se humille" que saco de una película vieja y les decía a sus víctimas, cuando en medio del suplicio, rogaban por piedad. Es más, ya que estamos en el momento de la confidencia, te voy a contar algo que a mi si me consta, él, hacia algo que llamaba "la tabla". Desnudaba a los tipos, y los amarraba bien apretados de cara a una tabla con mucha cinta para ductos, la tabla, tenia un agujero por donde sacaba los genitales del amarrado y con una hoja de bisturí, sin anestesia, sacaba los testículos de la bolsa escrotal y los lamia y chupaba en carne viva, paladeando como el sabía, la sangre, y las toxinas del miedo. Decía que así, absorbía el poder y la masculinidad del ejecutado, que así lo habían enseñado a hacer con las criadillas de los toros en la plaza de su pueblo cuando era niño. También cortaba con tijeras de pollero, trozos de prepucio que masticaba como chicle, mientras duraba el episodio de tortura y al parecer los tragaba. Es por demás decir, que sus víctimas morían de terror y de dolor en medio de gritos que no sonaban humanos.
¿Sabes? Al "marrano" lo que lo cegó, fue su egolatría... vivimos de una profesión que nos impide ufanarnos de ella. Somos los monstruos de la vida real y debemos permanecer como las cucarachas, en la mugre y la oscuridad, para no provocar asco social y señalamiento. Sin gastos expendiosos, sin pleitos, ni accesorios o personas llamativas a nuestro alrededor y al "marrano" lo deslumbraron diciéndole que iba a hacer historia si contaba como la cucaracha de la cloaca le allanó el camino al "dulce príncipe-licenciado". Eso fue lo que lo perdió ¿sabes? Y para mayor revancha del destino, se comisionó a sus mas acérrimos detractores... De todos los que escogió el patrón, no había uno al que no le debiera aunque sea una oreja... A final de cuentas, ya ves, no lo mataron, pero lo dejaron tuerto, manco y cojo y aun así, era tan mala entraña este sujeto que pudo llevarse a todos los de la encomienda que se la habían "jurado". Yo no puedo vanagloriarme de nada, como te dije, estaba ya muy mal herido y él sabia que me iban a mandar por él, me dio la mano; siempre sudorosa, me dijo "ya sabia que me iban a encargar contigo y te perdono, aunque los dos sabemos que es trabajo. Que dios te bendiga mi "chingón".
En fin... Ha dejado de llover y debo partir ya. Tu esposa y tu hijo están ya lejos de peligro y fuera del país. Agradezco de tu parte, el sobre con tu perdón y bendición por escrito.
Fuiste un buen perro, hasta que te llegó la tentación grande. Para ti fue el dinero. Ni modo, somos perros y algunos saben leer los placeres sencillos o las necesidades que como premios, a veces nos conmueven a nosotros los perros entrenados.
Somos perros, simples perros que cumplen la función para la que fueron adiestrados y espero que, cuando me toque a mi la hora última; cuando sea mi turno, quiero estar en las manos de alguien tan perfeccionista como yo. Que me reconozca como artesano de un arte, maldito si, pero un arte al fin y al cabo; tal y como hace un buen herrero, cuando reconoce el trabajo de otro y se encargue de mi, con la pulcritud, la decencia y el esmero, con que yo he hecho mi trabajo hasta ahora.
Gustavo Reyes Ramos. D.R.









https://www.youtube.com/watch?v=1k1H3NJ8k3c
Tú, la coca, las estrellas y la noche.


Es cierto que se usa la coca-cola para quitar sangre en carreteras, no porque contenga algún tipo de solvente misterioso, sino por la cantidad ingente de azúcar que contiene, ella atrae a insectos y roedores que ayudan a la limpieza, consumiendo coca y sangre y como son tan numerosos, pues ¡voila! Un ejército de limpieza. Si es en el campo es fácil, si es en ciudad, con ayuda de las buenas atarjeas y la cantidad de fauna "nociva" que ahí vive, es mucho más fácil. Y digo nociva entre comillas porque la mayoría de los citadinos (tanto los pulcros como los sucios), desconocemos el enorme beneficio que nos hacen.
Es de noche... muy noche ya en realidad. Noche de domingo, madrugada de lunes.
La calle está en silencio y el tráfico de vehículos es casi inexistente en todas las avenidas; sin mencionar que los viandantes, a esta hora, brillan por su ausencia. Podría decir que todas las buenas almas asalariadas, dejaron ya sus festejos de fin de quincena y de fin de semana y en éste momento, reposan sus cansados cuerpos para acudir mañana temprano a su cita con sus monótonas rutinas; con las que coquetean toda la semana.
Acabo de embalar mi paquete con dos enormes y gruesas bolsas de plástico negro ( de esas que se usan para trasplantar árboles) y doy una última ronda de cinta para ductos "seguridad ante todo".
Acomodo mi paquete en el maletero, levanto la vista al oscuro cielo y observo ocho tímidas estrellas, apenas visibles por el mar de luminarias de esta maravillosa e increíble ciudad mientras pienso que ya sólo me resta limpiar un poco.
Mi pensamiento entonces, (casi libre) vuela a por ti de inmediato y pienso (y deseo) que ojalá estés bien; pienso que, ojalá estés comiendo saludable y te estés cuidando. Y pienso también que sería lindo al regresar a casa, encontrar un mensaje tuyo; como antes, cuando te gustaba hablar conmigo y yo era el ser mas feliz y enamorado del mundo y pensaba (soñaba) en ser un hombre de bien, poner una tienda pequeña con repostería, o un humilde restaurante allá donde vives y vivir una vida sencilla y honrada; dedicado a hacerte feliz y darles mi amor a ti y a mi hija (tu sabes cuanto he deseado siempre, tener una niña).
Vacío otra coca y me doy cuenta que con esta ya, llevo cuatro de dos litros.
Ojalá y pudiera ese tiempo volver... ¡No sabes cuanta ilusión tenía! Jamás me había enamorado (a las personas como yo, les esta prohibido. O al menos para mi, como ejercicio de disciplina así lo pensaba). Nunca había tenido a alguien que me provocara estos suspiros tan profundos incluso al día de hoy, que hace mucho ya, que no estas conmigo.
El aire de la madrugada aunque sea en la ciudad, siempre huele a fresco. Siempre que aspiro el aire de la madrugada, pienso en ti y me imagino que así de bonito ha de oler tu cuerpo y pienso también que me sentiría un consentido de los dioses si alguna vez hubiera podido amanecer entre tus brazos. Hubiera sido el hombre mas dichoso y afortunado del planeta. Y lo pienso realmente mientras cierro el maletero del "Tío", (mi tragón de gasolina impala sesenta y cuatro) ¿Te acuerdas que me llegaste a conocer tan íntimamente que hasta te hablé de él y de mi pasión por los autos viejos?... Je, je... Ojalá y nosotros también al envejecer nos convirtiésemos en "clásicos" y también fuésemos bien valuados y cuidados. De hecho lo hacemos, nos convertimos en clásicos, solo que existimos modelos que ¡Ah, como nos hemos agarrado a chingadazos con la vida! Y pues así ya no servimos... Nos devaluamos.
El estéreo del "Tío" está tocando "Radio Ga-ga" y mientras la escucho, meto a fondo el acelerador. El "Tío" sólo es un clásico de nombre y de año, pues lo mantengo en excelente estado de la máquina, para poder exigirle en momentos como éste u otros en los que hay que sacar rendimiento del motor... Uno nunca sabe.
El alma se me llena de nostalgias cuando te pienso y todas esas añoranzas de cosas que me hubiera gustado que pasasen me pone mas introspectivo y callado que nunca. Tanto que a veces me aislo de mi mismo en mi pensamiento, pongo la mente en "blanco" y te dejo de platicar para que no duelas tanto, y solo me concentro en la mancha grisácea del asfalto que iluminan los faros del "Tío" y te dejo de pensar mientras el avanza sin problemas.
Acabo de pasar Topilejo. Voy a avanzar unos cuantos kilómetros mas y bajo mi carga.
¿Sabes que es cierto también? Que cuando la gente se muere, por alguna extraña circunstancia que desconozco, después de unas horas, se vuelve mas ligeros o a veces más pesados.
Aquí en la carretera vieja a Cuernavaca, al carecer de tanta iluminación como la que hay en la ciudad y sin luna, se ven muchísimas estrellas. Pero yo no quiero verlas. Tu sabes que muchas me dan miedo y también sabes el porqué.
La liviandad de los muertos dicen que es por el alma que se escapa, o su pesadez por sus culpas y pecados. Yo creo que es la adrenalina, la tensión del momento, o el desasosiego de la gente cuando los levanta No creo que sea por la pérdida de sangre, digo, cinco o seis litros son apenas casi el ocho por ciento del peso corporal.
Dejé de pensarte mientras cavaba. Llámame ingenuo o escrupuloso, pero me da vergüenza pensarte mientras trabajo; siento que de alguna forma mancho tu preciada memoria si lo hago.
Pensaba regresar a casa, pero no tengo a qué. No hay, ni habrá mensaje alguno. Las cosas lindas por lo regular son meras ilusiones. Mejor sigo camino a Cuernavaca centro, desayuno allá y me distraigo un poco; porque sé, que si regreso a casa, Pensándote como lo estoy haciendo, me voy a deprimir. En este momento voy a llevar el auto unos kilómetros mas adelante para dormitar un poco en la cuneta. Al encender la marcha del "Tío" en la radio suena "Riders on the storm" de los Doors. Suspiro y pienso en lo mucho que te extraño, en lo mucho que me haces falta.
Quizá descanse un poco, quizá no lo haga en absoluto. Aun tengo muchas visitas pendientes y la adrenalina que me genera estar despierto varios días me sirve bien. Hay mucho trabajo que hacer, pero platicarle a tu recuerdo me agota mucho.
Gustavo Reyes Ramos. Dr..