miércoles, 20 de abril de 2016

María, María...
María de mi ternura rota.
Marcela que reparaste mis alas y me diste espacio para volar por ti y contigo.
Rosario de las cuentas dulces. Plegaria de mi querencia oscura.
María Inés de los graciosos mohines,
María mía. Mi pequeña Marcela.
Conmigo, pero nunca sin mi.
Eres cierta,como la muerte que me espera.
Eres plena como la vida que me habita,
porque estoy todo lleno de ti, 
desde ayer, pasando por mi presente, hasta el futuro, que de incierto me da miedo y que es, como mirarme en tus ojos y pensar que esto que vivo sea un sueño.
María, María, María Inés del alma mía, tu sabes que por ti mi pecho late, 
que es por la promesa del aroma de tu piel en nuestras noches, que yo espero y respiro. Que es por el derecho de saberte mía,
que te quiero en mi cuerpo a mañana, noche y día.
Es por tus ojos que yo miro.
Es por tus labios que suspiro.
Que es de amor este reclamo, porque por ti soy, 
y a tu nombre ruego y aclamo, pero sin ti María Inés, sin tu bendita presencia yo divago.
¡Hay María de la suerte mía! La Doña Inés de este irredento Don Juan. 
Marcela que alimenta con su mar y con su cielo, mi Rosario de oraciones a la vida. 
María Marcela Inés del sagrado Rosario del alma mía, por ti, por tu amor, tu lealtad y por tus sueños, es que vivo bebiendo de tu verdad, al recorrer la dura vía.
                              Gustavo Reyes Ramos. D.R.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!