Es el blues, el mismo blues que conforma mi anatema,
el que me seduce, me destroza y me enamora;
el que me hace renacer ebrio de dicha o de pena,
para escribir letras urañas, mustias y malditas,
pero siempre ingenuas, tiernas y encandiladas
para hablarle al amor al oído. Aunque ya no pueda...
aunque ya no deba, ni sea prudente,
ni aconsejable por la moral y las buenas costumbres.
Así que, sirva pues entonces cantinero,
otro vaso lleno, de la misma nostalgia romántica,
demencial y conspicua...que ésta noche,
me quiero embrutecer con esta pasión insana,
real o ficticia pero siempre rechazada.
Que me arropa y me desangra,
de un modo oscuro y perversamente dulce;
cual mortaja confortable con hechuras de mi propia necedad.
G.R.R.
G.R.R.
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