- ¡Que tanto me olisqueas! - Le increpe ya ligeramente molesto...
- Hueles a loco -me dijo-
- ¿Y a que huelen los locos sabiondo? -Le contesté...
- ¿Yo qué sé?...A saliva seca, a sudor, a mugre, a orina, a comida rancia, a miedo... A todo y a nada, pero invariablemente a sangre seca de gentes, - sentenció y bajó la mirada al piso, rascando al descuido la tierra con la punta del zapato, pensando para sus adentros,que el daño ya estaba hecho...
- Guardé silencio y me dediqué a mirar las nubes, mientras pensaba que eso me sacaba por tratar de platicar con los fantasmas de mis alucinaciones malditas. Ya habría oportunidad de degollarle cuando ni siquiera yo me diera cuenta.
G.R.R.
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