domingo, 16 de octubre de 2016

JAMÁS... NUNCA.

Somos amantes distantes, agotados de hartazgo y de silencio. Extenuados de lejanía aún cuando reposamos juntos. 

De callados adioses están hechos nuestros días. De arrepentidos "hubiera" nuestra muda compañía. Y damos paso a las lágrimas resecas que áridas nos danzan en los ojos... ¡Ojalá tuviéramos alma!.

Fuimos amantes en el cuento de amor que un duende burlón nos contó. 
Amantes que se tocan solo para bailar, pero que no se ven y que ni siquiera se soportan en cercanía.
Alguna vez, pensamos que éramos el uno para el otro y nos esperabamos con ansia... Al menos yo te anhelaba sin conocerte, pensando que serías mi pareja y la depositaria de mis secretos. Cómplice de mis grandes luces y mis profundas oscuridades, que me  miraría enamorada alentándome en todo lo que hiciera. Incluso creí, llegue a pensar, que viviríamos hechizados en la mirada de la otra, del otro. Y por un tiempo (muy corto en verdad) así fue; pensamos ingenuos, que la música y las nubes, que la oscuridad y los destellos, que la nieve y el idilio eran parte de nosotros y que nosotros inmersos en nuestro gran amor habíamos creado con la magia de la ternura todo a nuestro alrededor.

Y danzábamos abrazados, cada nuevo día, cuando se hacía la luz, luciendo nuestra sonrisa de enamorados cuando se iluminaba el escenario.

Lo que nunca tomamos en cuenta, es que jamás tuvimos corazón, jamás "lo nuestro" fue nuestro, jamás el paisaje "idílico" fue nuestro lugar, jamás hicimos el amor y avergonzadas nuestras miradas se esquivaban cada que nuestra pequeña dueña abría la cajita de música "Made in china" donde tú y yo bailábamos abrazados frente a sus azules ojos. Fingiendonos un cariño que nunca existió, condenados a simular un amor ausente que se repetía con la danza aquella que nunca terminamos. Con la misma canción, artificial y triste como el decorado en tonos pastel, la nieve de mentiras, nuestro amor y todo lo demás.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.





miércoles, 12 de octubre de 2016

YO YA TE OLVIDE.

Ya olvidé tus ojos.

Me olvidé de tus labios carnosos y rojos y tus cariños porque si y a deshoras.

He olvidado tus manías y tus antojos. Tus tristezas dulces y tus enojos.

Ya no recuerdo la forma tan amorosa en que sonaba mi nombre saliendo de tu boca.

Ya no recuerdo tu naricita pequeña y bien formada, ni la elegancia de tu cuello que mordisque tantas veces mientras levantabas tu cabello, en claro preludio a nuestro encuentro.

Me he olvidado de tu risa explosiva, espontánea y generosa, de tus suspiros a granel, de tus latidos, de tus desprecios silenciosos. Y sin embargo, te busco en todos los adioses que tienes sin cerrar, en todos esos sueños que prefieres olvidar. 

Te busco en los pliegues de cada una de las preguntas que me debes. En cada anochecer que aún te espero desvelado, rogando a las estrellas por tu bien. En cada atardecer que vivo alejado de tu lado. En cada amanecer en que parado junto a la ventana, me pregunto cómo estás, si estás bien, si te estás cuidando y si acaso tu también me has olvidado.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.




lunes, 10 de octubre de 2016

YO, POBRE DIABLO.

Su risa era divina y a la vez sardónica. Fascinante "per se" conteniendo toda la burla del mundo y a la vez tan limpia que era contagiosa. Hincado en la acera, con los brazos abiertos, formando con su cuerpo una cruz, levantaba su rostro mugriento al cielo disfrutando la lluvia como hace mucho no veía a alguien hacerlo. Y reía, reía a carcajadas locas, como si no hubiera mañana, como si no se estuviera mojando en medio de ese aguacero tupido. Y sus risotadas que restallaban aún por encima del ruido de la lluvia, eran un bálsamo contagioso que sin quererlo, sin proponérselo, me limpiaban por dentro curándome del todo. Y me empecé a olvidar del auto y de la lluvia, del traje y los zapatos caros, de la disciplina, de la citas para comer, de los restaurantes lujosos, de los menús en francés o alemán, de las prisas, del tráfico y del tiempo mismo; me empecé a olvidar de mis penas y de mis tristezas y del viejo blues que me heredaste; y solo pensaba en que yo quería ese mismo bautizo que el estaba teniendo. Solo tenía cabeza para pensar en esa divina epifanía gozosa que ese miserable sujeto desdentado y enjuto estaba disfrutando sin tener ni traje, ni auto, ni zapatos, ni comida, ni amor, ni pesar, ni conciencia. Y se me hacía urgencia el bajar del coche para irme a hincar frente o junto a él para que su dios o lo que sea que le estaba prodigando esa bendita dicha se me contagiara ya por ósmosis, o ya por convicción; porque a la fecha ya no tenía ninguna. (Desde que te fuiste deje de creer en todo). Y quería creer, o sentir, o al menos abrigar la esperanza de tener alguna meta en mente que no fuera la de morir.

Solo esperaba el momento propicio para poder abrir la portezuela del auto,una interrupción en el flujo vehicular que me permitiera descender, cuando de improviso cesó la lluvia. mire al cielo maldiciendo la volubilidad de esas nubes tan caprichosas mientras mi mesías callaba y lentamente bajaba sus brazos encogiéndolos sobre su pecho, su mentón cayó con la misma desolación de quien recibe una noticia fúnebre de repente, pero que esperaba en cualquier momento; mientras de su rostro antes iluminado, se esfumaba la sonrisa y parsimoniosamente se ponía de pie, suspirando hondo desdibujando de su ser esa enorme dicha que me había encantado y que se iba evaporando como un delicado y efímero perfume a su alrededor. Esa alegría que me había hecho estacionar el auto para preguntarle el secreto de su felicidad, se esfumaba ante mis ojos.

Acto seguido, cabizbajo, limpio una lágrima de sus ojos con sus manos tan sucias que parecían pintadas de negro y empezó a caminar ensopado y lento, arrastrando los pies descalzos envueltos en algo que parecían vendas o calcetines sin puntera, ni talón y que alguna vez fueron blancos. Mientras al pasar al costado de mi auto empezó a canturrear con voz aguardientosa rascando su hirsuta, mugrienta y despeinada cabellera:  "Así es la vida, de caprichosa, a veces negra a veces color de rosa, así es la vida, jacarandosa, te quita, te pone, te sube, te baja y a veces te lo da"...


Gustavo Reyes Ramos. Derechos reservados.