miércoles, 6 de julio de 2016

Caroly.
Apenas dos años han pasado y para mi han sido como cientos de vidas tristes y vacías en tu ausencia.

Y te extraño, y se me escurre por los ojos la nostalgia de ti.

Y te extraño y tu nombre se desliza en mi memoria, con la aspereza de la arena, rozándome el recuerdo hasta el llanto.

Dos años que el universo colapsó, apagando para siempre la risa de las estrellas, las ternuras del cielo, la calidez del sol.

Dos años desde que me invadió la eterna oscuridad de la nada... La simple y burlona nada con la que tu dios tuvo a bien obsequiarme a manos llenas a cambio de llevarte lejos de mi.

Te extraño.

Cada día te extraño más.

Te extraño como extrañan la vida los muertos.

Te extraño como algunos vivos extrañamos nuestra muerte.

Te extraño como extrañan la salud los enfermos.

Como extrañan la juventud los viejos.

Te extraño como se extrañan las cosas bellas que suceden solo  una vez en la vida.

Te extraño como se extrañan en la desdicha, los instantes preciosos de tiempos idos y felices.

Te extraño con esa nostalgia de haber perdido algo sagrado que se dilapido sin querer, sin saber, ni apreciar.

Te extraño como se extrañan las cosas más simples y más bellas.

Como se extraña la ingenuidad auténtica.

Como extraño tus cariños de niña linda y serena.

Te extraño como te extraña todo en casa.

Te extraño con ese dolor que anuncia la enorme falta que haces en mi corazón.

Con esa carencia famélica de tus risas, tus caricias y todas tus ternuras.

Te extraño a ti y a tu enorme amor de niña madura, de mujer chiquilla, de amor de primera vez, de única vez y para siempre.

Hoy hace dos años que te llevaste toda mi ternura, que me ataste a este amor que me dio la vida y me arrebató la cordura. 
Hoy hace dos años desde que moriste y desde entonces, despierto desilusionado y vivo; queriendo morir contigo cada día. 

Gustavo Reyes Ramos.

06/07/16.



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