sábado, 15 de septiembre de 2018

TODO...

Te doy mi risa y mi sin razón, para que junto a las tuyas, sean la locura que me de vida y aliento cada día.

Te doy mis sueños, para que los enganches a tu estrella y así; simple y sencillo, compartamos destino.

Te doy el mando de la vela, el remo y la embarcación, para que me lleves a donde sea que te plazca. Para que tu seas viento y océano y el viaje dure el tiempo que tu quieras.

Te doy mis manos y mis brazos para trabajar por ti y contigo, para hacerte cariños y refugios de abrazos cuando lo necesites. Lo mismo que mis letras, para ensalzar tu belleza, tu ternura y tu candidez.

Te doy de mis latidos uno solo, para que sientas el enorme poder con que estremeces mi corazón cuando te pienso, te nombro, te sueño, te vivo y te amo.

Te doy mi ternura a cuenta-gotas para que no te empalague.

Te doy mi silencio retraído, que también te ama y te pide perdón por parecer a veces tan distante.

Te doy la promesa de mirarte siempre a los ojos 
antes de besar tus manos y cuando te diga que te amo.

Te doy mis labios con el firme compromiso de que siempre estarán sedientos de ti, hambrientos de ti, ansiosos de ti, y sólo por ti.

Y si algún día te quieres ir, te doy mis ojos, para que a tu lado tengan siempre horizontes frescos dulces y sin lágrimas y te doy también mi vida, para no morirme de amor, solo, triste y ciego sin ti.

Gustavo Reyes Ramos. Derechos reservados.

domingo, 26 de agosto de 2018

ELLA.

Ella volvió, y con ella le renacieron sueños a mis suspiros. Y de los lugares donde yo creía estar seco y vacío, me brotaban palabras amorosas que con una ternura infinita, revoloteaban entre mis dedos sin temor a ser olvidadas, listas para posarse en el cuaderno.
Ella volvió, y con ella volvieron los aquelarres nocturnos, donde orgiásticamente las frases copulaban mágicas al simple roce de mis dedos con su piel de diosa pagana.
Ella volvió, y con ella regresaron voluptuosas y sicalípticas sus hermanas las musas a untar sus pieles en mis sienes, a deleitar con sus danzares, mis afiebrados, pecadores e incestuosos delirios, levantándome de nuestro lecho a altas horas de la noche para escribir enamorado lo dictado por mis amadas tiranas.
Ella volvió, y con ella vuelve mi promesa no dicha de amar lo eterno en lo efímero, de querer y vivir consagrado a los muertos, a los sin descanso, a los no vivos. ¿Y que importa si solo me usa? Mientras la tenga a mi lado, mientras pueda cuidar de ella y velar su sueño diurno, mientras pueda ofrendar hombres nocturnos a su sed de vida inagotable, yo seguiré hasta donde mis fuerzas lo permitan.
Ella volvió. Y con ella se renuevan mis quehaceres de hombre enamorado.
Gustavo Reyes Ramos.
Todos los derechos reservados.

lunes, 9 de julio de 2018

LAS ADICCIONES MATAN.

Nunca me gusto la idea de que yo era un adicto. Para mi la palabra "adicto" denotaba a un hombre con poca inteligencia y débil. 
Como todos los adictos, siempre tenia excusas. Siempre había pretextos, que me hacían distinto... Siempre, siempre. 
En mi cabeza, lo mio era un pasatiempo, un juego, en el que yo era infalible, el amo del juego y el dueño del control absoluto y los demás, todos; unos pobres pendejos que no sabían nada.
Para lo que pasaba, para los resultados de mis actos, siempre contaba con justificaciones que me libraban de mi responsabilidad. Eludiendo las consecuencias simples y complejas de mi enfermedad que me hacían ver las adicciones y las torpezas en los demás, pero nunca en mi... "Se lo merecían" "Eran escoria" etc.

Los demás... Todos ellos, daños colaterales que tenían la culpa por no ajustarse a mi modo de ver la vida, a mi personal sentido de honestidad, o a mi manera de ser, o simplemente tenían la desgracia de estar en el lugar equivocado, en el momento incorrecto señalados por otro.
Yo no era desagradable y lo mío no era un vicio.
Yo era justo y bondadoso, con un alto concepto de la virtud.
Yo era el misericordioso.
Yo, el magnánimo.
Yo, el todopoderoso.
Yo, el caballeroso.
Yo, el equitativo.
Yo, el culto.
Yo, el "sindistingo" social, que aceptaba tanto a pobres como a ricos y que gracias al "donaire" y al "porte de gentes" que heredé de mis padres, podía vestir con elegancia y gracia, lo mismo un buen traje de casimir ingles de tres piezas; que vestir, como si fuera lo mio, una harapienta camiseta, unas bermudas y un par de sandalias, o el uniforme "equis" de un obrero, un policía o un militar, que me permitiera infiltrarme en la fiesta, la reunión, la fábrica o el lugar donde fuera menester entrar para llevar a cabo mi "divina labor" y pasar después desapercibido.
Yo, el experto. Porque siempre tuve esta inclinación al mal camino, a sus componendas y vericuetos, lo mismo que la virtud para improvisar de la nada artefactos o herramientas que hicieran parecer a lo malo una visita del infortunio. Jamás pude aprender a hacer una regla de tres, pero si aprendí a la primera, la forma ideal de usar en combinaciones, anestésicos, relajantes y barbitúricos e igualmente contaba con la habilidad de una puntería diabólica con armas de fuego o la maldición de encontrar puntos vitales al vuelo fortuito de una hoja cuando no quedaba de otra.
Yo, el "sangre fría" que, pasara lo que pasara, conformaba a mi ego (tan grande) y mi convicción de auto engaño tan necesaria, que aunque se estuviera cayendo el mundo, pensaba y me convencía que lo mio era justicia y nada mas, para poder actuar con la cabeza en calma y conservar la serenidad .
Y si, es verdad que como todo adicto o alcohólico en seco, me auto infligía temporadas de lucidez. Temporadas de cero tolerancia a mi adicción, (nunca "jure" pues soy ateo y además me creía el único dios), aunque no era necesario para auto engañarme y demostrarle a todos que yo tenia y estaba en control, que por eso no era vicio lo mio y que lo hacía no por dinero, no por demostrar nada, sino como una forma de auto conocimiento, para encontrar mi lugar en el cosmos. 

Era entonces, en esos períodos de conciencia, que pensaba en encontrar una mujer y enamorarme y vivir una vida sencilla, hermosa, simple y normal, alejada de mi hambre terrible de ser el dios justiciero. E incluso, soñaba que tal vez, y solo tal vez, quizá, hasta podría tener una hija, risueña, hermosa y muy dulce como su madre. Y si debo ser honesto, debo confesar que en uno de esos periodos de sensatez, realmente me enamoré de una mujer fantástica, dulce, tierna, inteligente y muy hermosa (nunca he visto, ni conocido a otra igual) pero en un acceso de conciencia que tuve y por el amor que le profesaba, le mentí para desilusionarla. No quise arrastrarla conmigo, ni hacerla parte de la decepción de saber lo que realmente soy, ni obligarla a vivir la amargura, la ansiedad y la condena en la que se suceden mis días. Y al día de hoy, que soy realmente consciente de mis actos, me doy cuenta del abominable monstruo que fui, y del patético sujeto que soy; sin hogar, sin dios, ni fe, ni amor, que se vuelve todavía más lamentable por los enormes esfuerzos que tengo que realizar día a día, para evitar volver a sentir el placer de tener el destino de una vida en mis manos. Mi nombre no importa, solo que estoy aquí, tratando y empezando por confesar, que soy un homicida compulsivo.
Gustavo Reyes Ramos. D.R.

miércoles, 7 de marzo de 2018

SIN MIEDO.

- No me busques.
- Pero te amo...
- Ya me fui...
- No te entiendo...
- Espera a la media noche. Mira el espejo...
- Sigo sin comprender... además, ¿porque susurras?
- La caricia que te estremezca, el beso que te erice. Soy yo que he partido...
¡NO MIRES DETRÁS DE TI!
Dr.
                     Gustavo Reyes Ramos. 


miércoles, 3 de enero de 2018

Saltando. 
(Estoy loco, o eres tu y tu "realidad", o me crees).

Cada principio tiene un final, aunque cada final, a su modo, es un comienzo. Lo delirante de todo, es, que jamás sabes cuando empieza uno y termina otro. O, que cuando crees que empiezas a adaptarte a uno, tienes que iniciar con uno nuevo. Retomar de cero ese destino, indagar quien eres, que haces y funcionar, o tratar de hacerlo pareciendo lo mas normal, como si fuera lo tuyo de siempre y eso, a la larga, daña el alma, que no el cerebro, porque alma y psique son distintos.
A veces me siento tan triste. Si, tal vez es envidia. He visto tantos finales felices, simples y enamorados... Me gustaría que el mio, el de mi verdadero yo, fuera así; aunque sé, que no cuento con los puntos suficientes para que el universo me premiara con algo así de bello y ¿sabe? Quizá ese es el castigo.
Cuando vives en la oscuridad, todo es igual. Todo es tan uniformemente cómodo. Adaptarse conlleva una facilidad pasmosa, en un lugar donde adaptarse es conformarse. No hay colores, no hay diferencias. Las sombras son siempre las mismas. Todas esas tinieblas, ofrecen de alguna forma una adrenalina constante y "segura". O sea, das, o te dan, eres oveja o lobo.
Lo malo es, cuando esa oscuridad no te llena. Cuando ser lobo no te caracteriza, ni ser oveja te representa. Malo es, cuando esa oscuridad no es lo que quieres como forma de vida. cuando no tienes la inconsciencia suficiente para aceptar esa oscuridad como tuya y abrazarla. Y se vuelve peor, cuando por azares del destino, llegas a tener un guiño de luz. La curiosidad por saber como es ese mundo distinto de paz, de rutinaria cotidianeidad, en medio de problemas light, risas y amor se vuelve una constante, que va de la mano con el pensamiento de como serias tu, viviendo una sola vida, quizá simple, quizá boba, pero siempre tuya.
¿Conoce usted la canción esa que dice "Ésta, es la historia de un hombre solo, que jugaba con los hilos rotos de todas las marionetas que fue, que soñó y que sin desearlo, vive"?... ¿No se ha inventado en este tiempo? ¡Vaya! Bien podría ejemplificar lo que trato de explicarle... ¿Que más quiere saber? O mejor dicho, ¿Que más le puedo decir? De hecho, tengo muy poco que le pueda contar, o que se me permite contar, aunque mi historia si es distinta, porque conozco bien eso de que, "todos cuentan la historia, su historia, para (a su manera) parecer buenos, libres y sanos".
Y sin embargo, mi vida es esta y es así, uno, tras otro, tras otro, tras otro, se suceden los días desde que llegué aquí condenado a vivir en este pobre idiota delirante. Que saltando de una idea, en otra. Va, desde una mariposa, hasta un agujero de gusano; detallando sus cualidades y posibilidades, babeante hasta que aparece otra idea, hasta que me adapte al nuevo recipiente, o hasta que me reubiquen en un recipiente nuevo.
Ellos, Los ancianos. El maldito consejo, fue quien me impuso esta condena.
Vivo ratos de llameante lucidez, mezclado con ratos de aullante locura, entre profundas depresiones y ratos de esquizoides certezas.
En el tiempo de donde vengo, los problemas se han agudizado para la gran mayoría (los acomodados como siempre, viven bien) y yo sé y tengo en mis genes, la posibilidad de resolver el futuro para muchos, pero el consejo me implantó neuronalmente una restricción. Dicen que debo dejar rodar la gran rueda.
Pero (y ese es el gran pero de mi historia), mi pecado siempre ha sido y será, tratar de eludir el karma ¿sabe?
El mundo, éste mundo y ésta dimensión es el manicomio-presidio mas grande del universo, donde, afortunada o desafortunadamente, pocos sabemos lo locos que estamos, lo cuerdos y peligrosos que podemos ser, y más contados somos, los que recordamos de donde venimos y a que. En esta dimensión en particular, se encuentran los seres de más baja vibración. Aquí, hay de todo, los más: megalómanos, pederastas, ladrones, asesinos, mitómanos, predicadores, fanáticos, avarientos, codiciosos... Políticos casi todos y uno que otro como yo, saltador cuántico.
Los ancianos dicen que todo a su tiempo... Claro, como a ellos no los carcome la necesidad...
Eso es todo por hoy, por favor, permítame recargar mis celdillas de inconsciencia, mañana, si le reconozco, o si todavía permanezco en esta dimensión, podremos continuar.
Antes de salir, me tendió un trozo de papel, con unas cuantas letras garrapateadas en el:
"Tengo la mirada de la nostalgia.
Tengo la mirada de la distancia.
Tengo la mirada bendecida porque conocí el amor, pero triste porque fue tan breve y a destiempo.
Tengo la mirada del silencio a secas y del dolor a solas.
Tengo la mirada maldita de la desolación,
porque conozco el tiempo, sus deformidades, el destino y la fatalidad.
Estoy cansado... Muy cansado, y debería esperar.
Pero mañana, cuando no esté, no sienta pena por mi, al contrario, llénese de alegría porque de alguna u otra forma, he vuelto a saltar eludiendo el karma".
Iba a preguntarle el significado de su "poema" cuando empezó a gritar pidiendo que lo dejara en paz y a azotarse contra las paredes como un loco común, así que decidí esperar al día siguiente. Lo iba a confrontar con la realidad en base a todo lo que yo sabia de física cuántica, pero no fue posible. Al día siguiente, mientras desataban la sabana del amoratado cuello, escuche a los enfermeros decir:
"Éste hombre se bebió la muerte a gusto... Mire usted su gesto de tranquilidad y
su gran sonrisa... ¡Cómo me gustaría estar así de loco!"
Gustavo Reyes Ramos. D.R.