jueves, 2 de noviembre de 2017

AMANTES DE LA NADA.


Somos amantes de la falta, de la deshora, amantes del destiempo, a deshambres.
Golosos insensatos que se llenan de besos los cuerpos para saciar sus vacíos profundos con el misterio de otro ser, cualquiera, en ausencia del bien amado. 

Amantes insoportables que para llenar sus insondables nadas, irrumpen el silencio con el ruidoso rumor de la caricia y del chasquido de estarse bebiendo el uno al otro sedientos, hambrientos. Tocándonos invidentes, insensibles, insistentes, como si trataramos de reinventarnos el uno a la otra .
Somos los amantes sin cariño, adictos al sexo o a alguna variante o disertación extraña de lo que no es amor; que envidiosos de los enamorados, llenamos nuestras tremendas carencias de ternura, con agua risueña de los pozos embargados por ellos, Burbujeando de sed y oscuridad entre cosquillas de estrellas apagadas en el fondo cenagoso.
Ausentes de cariño, de instancias con sonrisas enamoradas y miradas profundas, nos llenamos de sonrisas vanas, de toques furtivos, de sombras olvidadas, de suspiros esquivos, robados a los locos de amor en luna llena. Engañándonos efímeros, pues cuando falta la ternura, cuando al humano se le roba el sosiego del cariño, el sexo es solo relleno abandonado, es el oso de felpa sacado del basurero con el que se consuela el niño sin suerte y sin nadie. 

Somos seres indolentes y sin fortuna, que erotizados nos regalamos soledad a manos llenas. Convencidos de que el sexo, por el sexo mismo, nos redimirá del deseo fugaz que nos condena a esas urgencias mortales e intempestivas, sin darnos cuenta que solo aumentamos la condena ejecutando la trampa cíclica y voraz, que nos carcome el alma.
Gustavo Reyes Ramos D.R.



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