martes, 19 de enero de 2016



Ella.


Escucho el resonar de sus tacones en el abovedado inmensamente alto
del pasillo y mientras pienso en cuántas veces ha sido lo mismo. Repito
el ritual de siempre; gabardina al sillón y saco al respaldo de la silla,
retiro el chaleco, arremango mi camisa, aflojo el nudo de la corbata y
suelto el botón del cuello, aunque pensándolo bien creo que para lo que
se avecina lo mejor será quedar en camiseta - Los golpes de sus tacones
dados con sus breves y dulces pies, son ahora más cercanos. Yo sé que
ella me presiente dentro, y gusta mucho de retardar su llegada,
disfrutando con morbo su arribo a la habitación donde la espero - No se,
ni recuerdo siquiera cómo es que llegamos a esto. Levanto el juego de
esposas del piso y las coloco en su sitio, nunca me han gustado, pero a
ella le enloquecen. Es parte del juego. Y mientras llega, aflojo mi cinturón
para poder saciarla a gusto.
Ella es tan menudita, tan delicada, que aún no entiendo cómo es que me
he prestado a su juego, bueno, realmente sí lo sé. Al menos de mi parte
es amor, aunque aún no entiendo bien su gusto por el dolor y por la sangre.
Ella ha entrado. Su cara angelical hace un gesto muy dulce al
mirarme listo. Miro sus ojitos inyectados de excitación, ladeo mi
cabeza sintiendo el dulce dolor en mi cuello de sus pequeños
colmillos. Me desvanezco y al despertar me encuentro semi
postrado a sus pies aún con las esposas puestas ¿Ha sido suficiente?
Pregunto aún débil, en tanto ella pasa su larga lengua por las dos
perforaciones aún sangrantes. Si no te has saciado puedes beber más,
pues no quiero que salgas en la noche. Me preocupa que alguien pueda
hacerte daño.

Gustavo Reyes Ramos. D.R.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!