Quiéreme.
Quiéreme demencial y taciturno, histérico y racional, callado y ajeno, ausente e incierto, irreal y verdadero. Quiéreme porque yo te quiero en esta rota soledad, verdad de dos que no sin angustia se vuelve una sola.
Te quiero haciéndome tanta falta en esta entrega de animal en celo.
Te quiero haciéndome tanta falta en esta entrega de animal en celo.
Quiéreme porque yo te quiero con este ofuscamiento de adolescente primerizo ebrio de ti, triste por ti, sin ti.
Danzando desnudo bajo el cielo plomizo de la fiesta del rayo esperando porque tu dios me conceda la oportunidad de matarme para volver a amarte.
Quiéreme con estas ganas de llorar que me dan a cada rato solo porque si, porque no estás, porque te pienso, porque te extraño, porque me dueles, porque me haces falta, porque estás, pero solo en mi memoria, porque ya no vives para echar a rodar la moneda del destino con la promesa de los sueños y las risas que me dabas... Quiéreme siempre, quiéreme mucho, porque viva, muerta, callada y aún sin ti, yo te amo.
Danzando desnudo bajo el cielo plomizo de la fiesta del rayo esperando porque tu dios me conceda la oportunidad de matarme para volver a amarte.
Quiéreme con estas ganas de llorar que me dan a cada rato solo porque si, porque no estás, porque te pienso, porque te extraño, porque me dueles, porque me haces falta, porque estás, pero solo en mi memoria, porque ya no vives para echar a rodar la moneda del destino con la promesa de los sueños y las risas que me dabas... Quiéreme siempre, quiéreme mucho, porque viva, muerta, callada y aún sin ti, yo te amo.
I
Me dedico a fabricarte palabras en silencio.
Solo ese ruido
me salva de los malos pensamientos
Solo ese ruido
me salva de los malos pensamientos
que me carcomen los días. Y hago callados
propósitos de luz para no pensarte mal,
para no creer a las polillas de la oscuridad
que me susurran tu muerte a escondidas.
Quiero hacerme a la idea de que estás bien,
para no desearte mal aunque sea de forma
inconsciente, ni siquiera mientras lanzo
al viento barcos hechos de oraciones y suplicas
que ondean sus banderas de esperanza
rogando porque estés bien,
si, lo sé, soy ateo y mis oraciones apócrifas
van sin pies ni cabeza,
sin ser válidas para ningun dios,
pero al fin y al cabo, lo que importa es la
intención, aunque mi alma este maldita.
II
Para no lastimarte en mi mente febril
y preocupada, trato de no pensarte
agobiada por el mal,
trato de visualizarte con toda
mi voluntad, como ama y señora
de las mariposas tornasoles gráciles
y juguetonas, trato de imaginarte
corriendo entre flores, entre tiempos,
corriendo a campo abierto,
bajo un cielo que de tan azul, lastima los ojos.
III
A modo de defensa, a manera de escudo,
te imagino con esa sonrisa que me robó el
sueño, con esa mirada tan radiante,
tan felina, tan tuya,
pero tan mía; a modo de conjuro
que me haga creer que
mis ruegos son escuchados,
que estás bien, que nada te ha pasado,
oigo tu risa, de carnaval,
de confeti de colores,
de consuelo del sueño,
de arrobamiento de mi alma;
mientras afuera llueve tristeza,
en medio de una bruma de derrumbe
y un frío de incertidumbre y desconsuelo,
mientras el día insensato,
poco a poco da la cara apenado
por no poder verte, por no poder
sentirte como siempre,
apenado por no poder presentarte a la vida,
como la maravilla que eres asombrando al sol,
mientras las flores todas,
apenadas y taciturnas,
esperan por noticias tuyas
para volver a mirarte pasar y cantar loas
a la gloria de tu juventud
y del derroche de gracias que te adornan.
Aunque la serena flor de mi amor
y de mi despertar a la dicha,
se encuentra ajena a todo esto, quizás viva,
quizás muerta...No lo sé,
aunque creo adivinar.
IV
Yo sé que estás bien, creo que lo estás,
y que si no hoy, tal vez mañana
te voy a ver llegar esplendida,
radiante, princesa del mundo
y reina del universo,
haciéndome saber que nada ha pasado,
que la muerte solo fue un rumor,
que se invento mi ocio,
en esa psicosis tremenda
que me pudre cuando estoy solo
mirando las nubes sin ti,
recostado en medio de el
agreste llano de tu ausencia,
sintiendo en mis mejillas
la lluvia que cae llena de gracia del cielo
(o no se de donde) en cualquier parte
que me detengo a esperarte;
cada instante que te pienso,
cada vez que me acuerdo de ti,
con mucho miedo de que la noche ya no te vea,
de que tu estrella ya no te nombre,
y tu recuerdo me encuentre
ya sin lágrimas con que me duelas.
Miedo a que la bruma
me quite de los ojos
la esperanza que me diste
y me deje sembrado sin ti,
sin sueños,
sin nada en este páramo agreste
que significa la vida sin ti,
sin poder tenerte más,
sin las malditas ganas de tener una esperanza,
sin las benditas ganas de seguir creyendo
en el bien en lo bueno, en ti.
De seguir creyéndote y punto para poder seguir.
V
Tengo miedo a llorar más de nuevo a solas,
sin poder esperar por el consuelo
mágico de tus ojos,
por las caricias de tus manos
que me curan
y redimen el mundo
de los cuerdos ante mis ojos de loco,
por el confort de tu entrega y de tus besos
que me ponen a salvo
de estar catatónico por fuera
mientras por dentro este
inquieto royéndome las llagas
y despellejándome las nostalgias...
¿Ves como me haces falta?
VI
Escribo esto para recordarte
para mantenerte viva
y mantenerme vivo en tu memoria,
logrando que jamás me olvides.
Para que sepas que en la vida,
como en la muerte,
siempre voy a estar agradecido
con la mujer que me enseño a beber de su
madurez y a leer y leerme
en sus ojos de niña,
a escribir sobre su cuerpo de niebla
con letras de golpe,
tatuando sus sueños con mis labios.
Para rememorar tu luz
y mantener vivos tus besos arco iris
y tus canciones aulladas a la luna entre
sollozos y quejas pasionales.
VII
Quiero que sepas,
que mis dedos huraños ruegan por la sorpresa de tu retorno.
Y que con miedo y desesperación,
te buscan a tientas pidiendo en braille por tu regreso,
porque no sea verdad que has
muerto porque no nos dejes,
porque no se acabe el mundo
en el escándalo de este silencio
que da nauseas. Porque se oye
como rumor de desilusión
(la tuya, la mía la nuestra), muerta y a la deriva.
VIII
Escribo esto, para que sepas que aún te amo
y te codicio y te extraño,
lo mismo que desde que aprendí a suspirar
por el resplandor noble de tu existencia nítida.
Escribo esto, porque quiero que sepas, viva o muerta,
que en las tardes, con tu nombre entre los labios
y tu recuerdo goteando por mis ojos,
aún me siento
a mirar en la ventana
el pasar en el horizonte de todos los vuelos
taciturnos con sus luces tristísimas
de barcos de exilio que llevan mi cariño junto a ti,
mientras te pienso ausente si, lejana también
y quizás muerta, pero siempre fiel,
siempre amante y solo mía.
IX
Te escribo esto, porque te quiero
y quiero que sepas que
como el rumor de las estrellas primeras de la noche
que me recuerdan el paso de tus luceros por mi vida,
la ausencia de la sal de tu piel
y el luto ignoto de tu deceso,
me tienen en ascuas,
pintando sudarios en el vacío de tu voz,
en la triste ausencia de tu risa,
pendiente del último suspiro de nuestro mundo,
en esta terrible certeza de pensar
que te has atrevido a morirte sin llevarme contigo.
Gustavo Reyes Ramos 05/08/2014.// 04/10/2014
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