jueves, 9 de octubre de 2014

Quiéreme.
Quiéreme demencial y taciturno, histérico y racional, callado y ajeno, ausente e incierto, irreal y verdadero. Quiéreme porque yo te quiero en esta rota soledad, verdad de dos que no sin angustia se vuelve una sola.
Te quiero haciéndome tanta falta en esta entrega de animal en celo.
Quiéreme porque yo te quiero con este ofuscamiento de adolescente primerizo ebrio de ti, triste por ti, sin ti.
Danzando desnudo bajo el cielo plomizo de la fiesta del rayo esperando porque tu dios me conceda la oportunidad de matarme para volver a amarte.
Quiéreme con estas ganas de llorar que me dan a cada rato solo porque si, porque no estás, porque te pienso, porque te extraño, porque me dueles, porque me haces falta, porque estás, pero solo en mi memoria, porque ya no vives para echar a rodar la moneda del destino con la promesa de los sueños y las risas que me dabas... Quiéreme siempre, quiéreme mucho, porque viva, muerta, callada y aún sin ti, yo te amo.
Gustavo Reyes Ramos 09/10/2014.

I


Me dedico a fabricarte palabras en silencio.


 Solo ese ruido 


me salva de los malos pensamientos 


que me carcomen los días. Y hago callados


 propósitos de luz para no pensarte mal, 


para no creer a las polillas de la oscuridad


 que me susurran tu muerte a escondidas.


Quiero hacerme a la idea de que estás bien,


 para no desearte mal aunque sea de forma 


inconsciente, ni siquiera mientras lanzo 


al viento barcos hechos de oraciones y suplicas


que ondean sus banderas de esperanza 


rogando porque estés bien, 


si, lo sé, soy ateo y mis oraciones apócrifas 


van sin pies ni cabeza, 


sin ser válidas para ningun dios, 


pero al fin y al cabo, lo que importa es la 


intención, aunque mi alma este maldita. 



II


Para no lastimarte en mi mente febril


 y preocupada, trato de no pensarte 


agobiada por el mal, 


trato de visualizarte con toda 


mi voluntad, como ama y señora 


de las mariposas tornasoles gráciles


 y juguetonas, trato de imaginarte 


corriendo entre flores, entre tiempos, 


corriendo a campo abierto, 


bajo un cielo que de tan azul, lastima los ojos. 



III


A modo de defensa, a manera de escudo, 


te imagino con esa sonrisa que me robó el 


sueño, con esa mirada tan radiante, 


tan felina, tan tuya,


 pero tan mía; a modo de conjuro 


que me haga creer que 


mis ruegos son escuchados, 


que estás bien, que nada te ha pasado, 


oigo tu risa, de carnaval, 


de confeti de colores, 


de consuelo del sueño, 


de arrobamiento de mi alma; 


mientras afuera llueve tristeza, 


en medio de una bruma de derrumbe 


y un frío de incertidumbre y desconsuelo, 


mientras el día insensato,

poco a poco da la cara apenado 


por no poder verte, por no poder 


sentirte como siempre, 


apenado por no poder presentarte a la vida,


como la maravilla que eres asombrando al sol,


mientras las flores todas, 


apenadas y taciturnas, 


esperan por noticias tuyas 


para volver a mirarte pasar y cantar loas


a la gloria de tu juventud 


y del derroche de gracias que te adornan.


Aunque la serena flor de mi amor 


y de mi despertar a la dicha, 


se encuentra ajena a todo esto, quizás viva, 


quizás muerta...No lo sé, 


aunque creo adivinar. 




IV


Yo sé que estás bien, creo que lo estás,


y que si no hoy, tal vez mañana


 te voy a ver llegar esplendida, 


radiante, princesa del mundo 


y reina del universo, 


haciéndome saber que nada ha pasado, 


que la muerte solo fue un rumor, 


que se invento mi ocio, 


en esa psicosis tremenda 


que me pudre cuando estoy solo


 mirando las nubes sin ti, 


recostado en medio de el 


agreste llano de tu ausencia,


sintiendo en mis mejillas 


la lluvia que cae llena de gracia del cielo


(o no se de donde) en cualquier parte


 que me detengo a esperarte;


cada instante que te pienso,


cada vez que me acuerdo de ti,


con mucho miedo de que la noche ya no te vea,


de que tu estrella ya no te nombre,


y tu recuerdo me encuentre 


ya sin lágrimas con que me duelas.


Miedo a que la bruma 


me quite de los ojos


la esperanza que me diste 


y me deje sembrado sin ti, 


sin sueños, 


sin nada en este páramo agreste 


que significa la vida sin ti, 


sin poder tenerte más,


sin las malditas ganas de tener una esperanza, 


sin las benditas ganas de seguir creyendo


en el bien en lo bueno, en ti.


De seguir creyéndote y punto para poder seguir.


V


Tengo miedo a llorar más de nuevo a solas, 


sin poder esperar por el consuelo 


mágico de tus ojos, 


por las caricias de tus manos


que me curan 


y redimen el mundo 


de los cuerdos ante mis ojos de loco, 


por el confort de tu entrega y de tus besos 


que me ponen a salvo 


de estar catatónico por fuera 


mientras por dentro este 


inquieto royéndome las llagas 


y despellejándome las nostalgias... 


¿Ves como me haces falta?




VI


Escribo esto para recordarte

para mantenerte viva 


y mantenerme vivo en tu memoria, 


logrando que jamás me olvides. 


Para que sepas que en la vida, 


como en la muerte, 


siempre voy a estar agradecido 


con la mujer que me enseño a beber de su 


madurez  y a leer y leerme 


en sus ojos de niña, 


a escribir sobre su cuerpo de niebla 


con letras de golpe,


tatuando sus sueños con mis labios. 


Para rememorar tu luz

y mantener vivos tus besos arco iris

y tus canciones aulladas a la luna entre 


sollozos y quejas pasionales. 




VII


Quiero que sepas, 


que mis dedos huraños ruegan por la sorpresa de tu retorno.


 Y que con miedo y desesperación, 


te buscan a tientas pidiendo en braille por tu regreso,

porque no sea verdad que has 


muerto porque no nos dejes, 


porque no se acabe el mundo 


en el escándalo de este silencio 


que da nauseas. Porque se oye 


como rumor de desilusión 


(la tuya, la mía la nuestra), muerta y a la deriva.



VIII


Escribo esto, para que sepas que aún te amo 


y te codicio y te extraño, 


lo mismo que desde que aprendí a suspirar 


por el resplandor noble de tu existencia nítida. 


Escribo esto, porque quiero que sepas, viva o muerta,


que en las tardes, con tu nombre entre los labios 


y tu recuerdo goteando por mis ojos, 


aún me siento

a mirar en la ventana 


el pasar en el horizonte de todos los vuelos 


taciturnos con sus luces tristísimas


 de barcos de exilio que llevan mi cariño junto a ti,


 mientras te pienso ausente si, lejana también 


y quizás muerta, pero siempre fiel, 


siempre amante y solo mía. 



IX


Te escribo esto, porque te quiero 


y quiero que sepas que 


como el rumor de las estrellas primeras de la noche 


que me recuerdan el paso de tus luceros por mi vida, 


la ausencia de la sal de tu piel 


y el luto ignoto de tu deceso, 


me tienen en ascuas, 


pintando sudarios en el vacío de tu voz, 


en la triste ausencia de tu risa, 


pendiente del último suspiro de nuestro mundo, 


en esta terrible certeza de pensar 


que te has atrevido a morirte sin llevarme contigo.



Gustavo Reyes Ramos 05/08/2014.// 04/10/2014